No se trata de negar la democracia, sino de realizarla por primera vez. No como ideal, sino como práctica viva.
Una democracia de verdad no se elige: se construye.
No se trata de negar la democracia, sino de realizarla por primera vez. No como ideal, sino como práctica viva.
Una democracia de verdad no se elige: se construye.
Ya no busco un horizonte puro: busco una estrategia materialista. Y en ella, el Estado tiene un papel necesario, sistemático y duradero.
Donde hay hambre y necesidad, no hay libertad real de elección.
No se trata de reclamar “más derechos”, sino de transformar las condiciones materiales que hacen imposible ejercerlos. El socialismo no busca sólo “repartir” derechos, sino abolir las condiciones que producen su necesidad: la explotación, la desigualdad estructural, la propiedad privada de los medios de producción.
«No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.»
(Marx, Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política)
El alquiler de vivienda, como forma específica de esta renta, actúa así como una transferencia sistemática de riqueza desde quienes trabajan hacia quienes simplemente poseen.
Para ser realmente libres, no basta con que podamos elegir: es necesario que nadie tenga que ejecutar un trabajo en condiciones impuestas por la necesidad. Hasta que esto no ocurra, cualquier noción de libertad basada en la elección será solo una ilusión construida sobre la falta de libertad de otros.
A lo largo de mi vida, he llegado a comprender que todo en el universo está profundamente interconectado. Lo humano no es una entidad separada o superior, sino solo una dimensión más en el entramado de la realidad material.
¿Qué significa realmente la palabra democracia cuando las decisiones fundamentales que rigen nuestras vidas quedan en manos de una minoría que controla los medios de producción, el sistema financiero y la economía?
La educación es un pilar fundamental en la reproducción de las condiciones materiales de una sociedad. Desde una perspectiva marxista, no es solo un espacio de aprendizaje, sino también un terreno de lucha ideológica donde se perpetúan o cuestionan las estructuras de dominación.
La expresión “inmigración ilegal” es una construcción ideológica que criminaliza a quienes migran en condiciones extremas. La ilegalidad no está en la persona que migra, sino en las estructuras que la obligan a hacerlo sin alternativas seguras.
La separación de poderes no existe. Es una ficción funcional al capitalismo, diseñada para dar la ilusión de equilibrio cuando, en realidad, todas las instituciones del Estado responden a una misma lógica: la defensa del poder de la clase dominante.
Cuando la derecha propone que los jueces sean los únicos encargados de elegir a otros jueces, no está defendiendo la independencia judicial, sino consolidando un poder corporativo al margen del control democrático.
La representación política no es fiel reflejo de la sociedad, sino que está profundamente sesgada por cuestiones de clase, acceso al poder y estructuras económicas que condicionan quiénes pueden realmente aspirar a cargos de representación.
La colectividad no es una opción, sino una condición inherente a la existencia humana.
Si realmente quisiéramos que el mérito fuera el único factor de éxito, tendríamos que abolir el capitalismo.
Cuando alguien interpreta estas demandas como expresiones de egoísmo o envidia, no solo está proyectando valores propios, sino que también refleja una limitación para trascender su subjetividad y entender la complejidad del bien común.
Cuando el capitalismo global enfrenta crisis recurrentes y la desigualdad alcanza niveles insostenibles, es crucial recuperar las enseñanzas de la URSS, no sólo para comprender su caída, sino para construir un futuro donde la traición desde dentro no sea una posibilidad.
La historia posterior a 1989 muestra que la ausencia de un bloque socialista fuerte ha permitido que el capitalismo alcance niveles de explotación y desigualdad sin precedentes.
La lucha no se gana con buenas intenciones, sino con firmeza ideológica y una estrategia militante que desafíe las bases mismas del sistema.