Contra el Trabajo Parásito. El Sindicalismo del S. XXI
Publicado en

Contra el Trabajo Parásito. El Sindicalismo del S. XXI

El capitalismo moderno generalizó formas de trabajo que Marx denominó «improductivo» y que David Graeber rebautizó como «trabajos basura»: actividades que no amplían la vida, sino que la agotan, la empobrecen o la destruyen.

Pero entre estas categorías existe una distinción que el sindicalismo debe abordar con precisión. No todo trabajo improductivo o basura es necesariamente parásito.

La categoría de «trabajo parásito» designa una forma más específica y más agresiva de dominación: aquella que no solo es inútil o dañina para la vida, sino que se alimenta directamente de la clase trabajadora, la vigila, la controla, la exprime o la mantiene en situación de dependencia para sostener su propia existencia.

Un Sindicalismo para el S. XXI: Doble Frente: Producción y Consumo
Publicado en

Un Sindicalismo para el S. XXI: Doble Frente: Producción y Consumo

Este eje materializa la unificación de clase en el terreno de la acción. Su principio es simple pero revolucionario: la clase trabajadora no solo produce, también reproduce su vida a través del consumo. Si el capital organiza su dominación en ambos frentes, la lucha debe articularse en ambos frentes.

El instrumento de esta articulación es el Sindicato de Consumidores Trabajadores (SCT) . No es una organización paralela ni un apéndice del sindicato tradicional. Es la proyección del poder obrero sobre el territorio donde el capital se realiza: el mercado. El SCT es, en sí mismo, un dispositivo anti-sectorial que rompe la fragmentación corporativa para construir poder de clase desde la totalidad de la experiencia vital.

Un sindicalismo para el S. XXI: Hacia la unificación de la clase trabajadora y la disolución sectorial
Publicado en

Un sindicalismo para el S. XXI: Hacia la unificación de la clase trabajadora y la disolución sectorial

La estrategia central del nuevo sindicalismo debe ser la tendencia constante a la disolución de las fronteras sectoriales y la creación de marcos de confluencia que permitan a la clase trabajadora percibir —y ejercer— su unidad fundamental.

El capital no solo explota: divide. Su estrategia más eficaz ha sido la sectorialización de la conciencia de clase. Al fragmentar la negociación en ramas separadas —metal, comercio, hostelería, cuidados, logística—, el capital impide que la clase trabajadora actúe como un todo. Cada sector negocia por su cuenta, y cada convenio se convierte en una frontera. Lo que debería ser una fuerza común —la capacidad de paralizar el metabolismo social— se dispersa en una suma de intereses parciales y a menudo contradictorios.

Comentario sobre «¿Qué es el Estado? Capitalismo, democracia y socialismo en el S.XXI», de Paolo Botta.
Publicado en

Comentario sobre «¿Qué es el Estado? Capitalismo, democracia y socialismo en el S.XXI», de Paolo Botta.

El núcleo problemático de la obra de Paolo Botta en ¿Qué es el Estado? Capitalismo, Socialismo y Democracia en el S. XXI radica en su intento de formular una teoría del Estado fundada sobre una supuesta «perspectiva política independiente» de la institución estatal. Al abstraer al Estado de su sostén histórico y de su matriz de clase —o del estamento que precede a la clase en formaciones sociales previas—, el autor no construye una teoría pura de la política, sino un modelo idealista suspendido en el aire que parece intentar justificarse en la simple repetición de la propia hipótesis.

Un sindicalismo para el S. XXI: Control obrero. La ofensiva en el centro de trabajo
Publicado en

Un sindicalismo para el S. XXI: Control obrero. La ofensiva en el centro de trabajo

Los trabajadores deben exigir un marco legal que impida la destrucción de puestos de trabajo como moneda de cambio del capital. Ese marco debe establecer que, en caso de cierre o abandono patronal, se active automáticamente un protocolo de auditoría de la plusvalía acumulada.

La cuestión es simple: si una empresa ha sido rentable durante años, si ha generado beneficios extraordinarios, si el capitalista ha acumulado riqueza a costa del trabajo vivo, entonces esa plusvalía no puede ser utilizada como excusa para cerrar y desaparecer. El empresario no puede declarar una quiebra, o un cierre por jubilación o desinterés después de haberse enriquecido durante décadas y dejar a los trabajadores sin salida.

La legislación debe establecer que, cuando la plusvalía total extraída a lo largo de la vida de la empresa supere el coste histórico de su constitución y mantenimiento, los trabajadores tendrán derecho a la continuidad de la explotación sin asumir deuda alguna. El capital ha sido ya compensado con creces. La empresa, como organismo productivo, no le pertenece ya por derecho histórico: le pertenece a la sociedad que la ha hecho funcionar.

¿De qué hablo cuando hablo de socializar los medios de producción?
Publicado en

¿De qué hablo cuando hablo de socializar los medios de producción?

La producción social constituye un único metabolismo material. Las distintas ramas de la economía no existen como entidades independientes que posteriormente cooperan entre sí; existen desde su origen como momentos diferenciados de un mismo proceso de reproducción social. Pretender que cada una pueda autodeterminarse al margen del conjunto equivale a fragmentar artificialmente una unidad que ya es objetiva. La planificación no crea esa unidad: simplemente la hace consciente y la somete al control democrático de la sociedad.

Un sindicalismo para el S. XXI: Formación Política. El sindicato como escuela de clase
Publicado en

Un sindicalismo para el S. XXI: Formación Política. El sindicato como escuela de clase

El sindicalismo se ha convertido en un mediador profesional del conflicto entre capital y trabajo. Su función, en la práctica, no es cuestionar la relación de fuerzas, sino gestionarla para que el capital pueda seguir reproduciéndose sin sobresaltos.

Ya no aspira a desplazar el centro de decisión, no aspira a emancipar a la clase trabajadora de su opresión, sino a obtener migajas de un poder que reconoce como ajeno. Y al hacerlo, reproduce la lógica que lo anula: la del trabajo como mercancía, la de la negociación como súplica, la de la organización como gestoría de la explotación.

¿De qué hablo cuando hablo de socialismo? (Spoiler: No es del PSOE)
Publicado en

¿De qué hablo cuando hablo de socialismo? (Spoiler: No es del PSOE)

Uno de los mayores problemas políticos contemporáneos es la confusión deliberada entre socialdemocracia y socialismo. No porque ambas corrientes sean idénticas históricamente, sino porque el capitalismo europeo consiguió algo extremadamente eficaz tras el siglo XX: absorber a gran parte de los antiguos partidos obreros dentro de la gestión estable del propio sistema.

El socialismo no consiste simplemente en “más derechos” dentro del capitalismo. Consiste en desplazar el centro de poder económico fuera de la lógica privada de acumulación.

Derecho a permanecer en origen
Publicado en

Derecho a permanecer en origen

El capitalismo contemporáneo ha conseguido una operación ideológica particularmente eficaz: presentar como libertad aquello que muchas veces es una forma de coerción material. Entre esas operaciones destaca una especialmente importante para nuestro tiempo: convertir la migración forzada por necesidad económica en símbolo abstracto de progreso, modernidad o apertura.

Desde una perspectiva marxista, el problema no reside en el derecho humano a migrar. Ese derecho es irrenunciable. Toda persona debe poder desplazarse, vivir y trabajar donde desee sin persecución ni degradación de sus derechos. El problema aparece cuando la movilidad deja de ser una elección libre y se convierte en condición estructural de supervivencia dentro del mercado mundial capitalista.

La cuestión central no es simplemente quién cruza fronteras, sino por qué millones de personas se ven obligadas a hacerlo.

Un sindicalismo para el S. XXI: El fin de un ciclo histórico
Publicado en

Un sindicalismo para el S. XXI: El fin de un ciclo histórico

El sindicalismo tradicional fue moldeado por el pacto social-productivista de posguerra. En aquel contexto histórico —crecimiento económico sostenido, pleno empleo masculino en la gran industria, Estado keynesiano con margen de maniobra—, la función de mediación entre capital y trabajo podía presentarse como un progreso real. Los aumentos salariales se traducían en mejoras de vida porque existían condiciones que lo permitían: estabilidad laboral, vivienda pública, servicios sociales en expansión, menor peso del capital financiero.

Pero el capitalismo del siglo XXI ha liquidado esas condiciones. La financiarización, la globalización productiva, la digitalización algorítmica y la crisis ecológica han reconfigurado por completo el terreno de juego. El capital ya no necesita el pacto social; lo considera un obstáculo.

El capital posfordista opera mediante externalización del riesgo, individualización del trabajador, territorialización del conflicto, precarización estructural y captura emocional. Los sindicatos continúan leyendo el conflicto laboral como si la fábrica fuera un espacio cerrado, estable y homogéneo, cuando hoy el control se ejerce mediante algoritmos, aplicaciones y evaluaciones continuas. Esta ceguera estratégica los condena a reaccionar, nunca a anticipar.

En palabras de Mario Tronti:

«Cuando los trabajadores dejan de analizar el capital, el capital analiza y anticipa a los trabajadores.»

De Dune a Fundación pasando por Marx: repensando el partido de vanguardia
Publicado en

De Dune a Fundación pasando por Marx: repensando el partido de vanguardia

Durante siglos, la humanidad fue un actor inconsciente de su propia historia. Las fuerzas que moldeaban su destino —económicas, ecológicas, culturales— operaban sin ser comprendidas. La ideología burguesa, con su énfasis en el «individuo excepcional», ocultaba el carácter colectivo de toda transformación histórica.

El materialismo histórico introduce la posibilidad radical de entender estas fuerzas y actuar sobre ellas. La ciencia ficción, a su manera, explora qué ocurriría si una civilización pusiera en práctica ese conocimiento: integrando la memoria colectiva de la especie (Bene Gesserit), comprendiendo la ecología histórica (Kynes), anticipando los patrones globales de la sociedad (Seldon) y, sobre todo, construyendo organizaciones capaces de sostener ese conocimiento y esa estrategia a través del tiempo.

En ese horizonte, la historia deja de ser un accidente. Se convierte en una construcción consciente de la humanidad sobre sí misma, basada en la comprensión de sus leyes materiales, ecológicas y sociales.

Es el capitalismo, no el género
Publicado en

Es el capitalismo, no el género

Escucho sistemáticamente en algunos círculos autodenominados de izquierda la defensa de que un mundo gobernado por mujeres sería más amable, más pacífico y más habitable.

Esta defensa se formula en abstracto, sin tener en cuenta el sistema mismo de gobierno; se justifica simplemente en el género. Pero esa idea no se sostiene bajo ningún análisis histórico serio.

La identidad de género no suspende las reglas del juego. Puede introducir matices, prioridades específicas o estilos distintos de comunicación, pero no altera la lógica estructural si esta permanece intacta.

Una presidenta puede hablar con más empatía mientras su gobierno desahucia, deslocaliza o bombardea.

La empatía no paga alquileres ni restituye vidas.

Irene Montero y la derecha: el odio a la cajera es el odio a la clase trabajadora
Publicado en

Irene Montero y la derecha: el odio a la cajera es el odio a la clase trabajadora

Hay una forma de odio político que se disfraza de crítica ideológica, pero que en realidad tiene raíces mucho más profundas. Lo que la derecha española ha dirigido contra Irene Montero durante años no puede explicarse únicamente por su condición de mujer o por su papel en el feminismo institucional. Es algo más antiguo y más visceral: la intolerancia hacia la irrupción de la clase trabajadora en espacios de poder que históricamente le han estado vedados.

Por eso la biografía de Irene Montero incomoda. Antes de convertirse en ministra, fue cajera. Y aunque ese hecho pueda parecer anecdótico, en realidad tiene una carga política enorme. La figura de la cajera representa uno de los lugares más visibles del trabajo precarizado en las economías contemporáneas: salarios bajos, alta rotación, escaso reconocimiento social y una vida organizada alrededor de horarios impuestos por otros.

Cuando alguien con esa trayectoria entra en el gobierno, se produce una disonancia para quienes conciben el poder como un espacio reservado a determinadas capas sociales. No se trata solo de desacuerdo político. Se trata de una ruptura de jerarquías.

Contra la tendencia anti-partidos en la izquierda
Publicado en

Contra la tendencia anti-partidos en la izquierda

Existe una idea que, sin haber demostrado jamás su eficacia histórica, se ha instalado en amplios sectores de la izquierda como si fuera una verdad evidente: la idea de que los partidos políticos son un problema en sí mismos. No que determinados partidos hayan fracasado, no que determinadas formas organizativas deban ser superadas o transformadas, sino que el propio principio de organización política en forma de partido sería una especie de desviación, un obstáculo o incluso una traición a la emancipación.

Esta idea se presenta como radical. Como superación. Como madurez política.

Pero hay una pregunta elemental que nunca se responde:

¿En qué ha mejorado la posición relativa de la clase trabajadora desde que esta idea se volvió dominante?

Patriotismo, soberanía energética y renovables (en España)
Publicado en

Patriotismo, soberanía energética y renovables (en España)

El patriotismo, para ser algo más que una emoción abstracta o una consigna vacía, debe expresarse en la defensa concreta de las condiciones materiales que permiten la existencia autónoma de un país. Entre todas ellas, pocas son tan decisivas como la energía. La energía no es solo un recurso económico: es la base física de la producción, del transporte, de la industria, de la vida cotidiana y, en última instancia, de la propia soberanía política.

En el caso de España, esta realidad adopta una forma particularmente clara. El país carece prácticamente de reservas significativas de petróleo, gas natural o uranio. Esto implica que el modelo energético basado en combustibles fósiles y en nuclear depende inevitablemente de la importación. Cada barril de petróleo y cada metro cúbico de gas consumido es una transferencia de riqueza hacia el exterior. Cada crisis internacional, cada conflicto geopolítico, cada fluctuación en los mercados globales se traduce en una limitación directa de la autonomía nacional.

La clase como arquitecta invisible de la biología humana
Publicado en

La clase como arquitecta invisible de la biología humana

La oposición entre genética y clase social es una falsa disyuntiva. No porque una sustituya a la otra, sino porque ambas forman parte de un mismo proceso material. La biología humana no se despliega en el vacío; se desarrolla en condiciones históricas determinadas. Y esas condiciones, en las sociedades divididas en clases, están estructuradas por la desigualdad.

La reproducción humana no es un fenómeno puramente biológico. Está organizada socialmente. Los individuos no se vinculan desde una neutralidad abstracta, sino desde posiciones concretas en la estructura de clases. La distribución desigual de riqueza, espacio, educación y seguridad delimita el campo real de relaciones posibles. Así, la estructura social no crea los genes, pero sí organiza las condiciones bajo las cuales se transmiten y recombinan.

La participación de los ciudadanos en el desarrollo de políticas públicas es mayor en China que en España
Publicado en

La participación de los ciudadanos en el desarrollo de políticas públicas es mayor en China que en España

La participación política real debe medirse por el grado en que los individuos forman parte de las estructuras que definen, elaboran y ejecutan las políticas públicas, así como por la capacidad efectiva de esas decisiones para materializarse sin interferencias estructurales externas. Desde esta perspectiva tanto cuantitativa como material, el sistema político de la República Popular China presenta un nivel de participación política superior al existente en España.

Sin soberanía colectiva (de clase y estructural) no es posible la soberanía individual
Publicado en

Sin soberanía colectiva (de clase y estructural) no es posible la soberanía individual

La soberanía individual no es el inicio, sino el resultado. La soberanía individual suele presentarse como algo natural. Se nos enseña que cada persona es dueña de sí misma, que sus decisiones le pertenecen y que su vida depende fundamentalmente de su voluntad.

Sin embargo, esta idea invierte el orden real de las cosas. Nadie decide el mundo en el que nace. Nadie decide el sistema económico que determina sus posibilidades, el idioma que estructura su pensamiento, ni las condiciones materiales que hacen posible su existencia.

El individuo no aparece primero y luego construye la sociedad. Aparece dentro de una sociedad que ya existe. Por tanto, su capacidad de decidir sobre sí mismo depende necesariamente de la capacidad de esa sociedad de decidir sobre sí misma.

La soberanía individual no es el punto de partida. Es el resultado de un proceso colectivo.

Igualdad de condiciones como requisito para la diferenciación real. Un acercamiento desde la Biología y la Teoría de Sistemas
Publicado en

Igualdad de condiciones como requisito para la diferenciación real. Un acercamiento desde la Biología y la Teoría de Sistemas

La acusación de que la igualdad de condiciones elimina la diferencia contradice no solo la historia, sino también principios fundamentales observables en la biología y en la teoría de sistemas complejos.

En biología, la diferenciación funcional emerge precisamente cuando existe una base material común garantizada. Un organismo vivo está compuesto por células que comparten el mismo código genético, pero que se diferencian en funciones específicas —neuronas, células musculares, células epiteliales— no porque compitan entre sí por sobrevivir, sino porque el sistema garantiza las condiciones generales que permiten su especialización. La célula no necesita luchar contra las demás para existir; su seguridad estructural es lo que permite su diferenciación funcional.