Durante siglos, la humanidad fue un actor inconsciente de su propia historia. Las fuerzas que moldeaban su destino —económicas, ecológicas, culturales— operaban sin ser comprendidas. La ideología burguesa, con su énfasis en el «individuo excepcional», ocultaba el carácter colectivo de toda transformación histórica.
El materialismo histórico introduce la posibilidad radical de entender estas fuerzas y actuar sobre ellas. La ciencia ficción, a su manera, explora qué ocurriría si una civilización pusiera en práctica ese conocimiento: integrando la memoria colectiva de la especie (Bene Gesserit), comprendiendo la ecología histórica (Kynes), anticipando los patrones globales de la sociedad (Seldon) y, sobre todo, construyendo organizaciones capaces de sostener ese conocimiento y esa estrategia a través del tiempo.
En ese horizonte, la historia deja de ser un accidente. Se convierte en una construcción consciente de la humanidad sobre sí misma, basada en la comprensión de sus leyes materiales, ecológicas y sociales.
