Decir que la historia la escriben los vencedores suele funcionar como una verdad asumida, casi trivial. Todo el mundo parece estar de acuerdo. Sin embargo, esta afirmación se queda con demasiada frecuencia en la superficie. La aceptamos, pero no la llevamos hasta sus últimas consecuencias. La convertimos en una observación neutral sobre el pasado, en lugar de reconocerla como una ley activa del presente.
Los vencedores no son únicamente quienes ganan guerras militares. Son, sobre todo, quienes vencen en la organización material de la sociedad. Quienes se imponen en el terreno económico, político y cultural. En el sistema actual, los vencedores son los capitalistas, que no solo triunfan mediante la violencia directa —cuando esta es necesaria—, sino, principalmente, mediante una guerra cultural prolongada que logra presentar la explotación como algo natural, inevitable o incluso deseable.
