Zhok rastrea los orígenes del pensamiento liberal y señala cómo este reduce la existencia humana a la categoría de individuo preconstituido. Para la razón liberal, el ser humano nace plenamente formado, con una serie de preferencias y derechos abstractos, desvinculado de cualquier tejido comunitario, histórico o biológico. La sociedad, bajo esta mirada, no es una comunidad de destino, sino un mero contrato asociativo entre átomos egoístas que buscan maximizar su utilidad.
Leer a Zhok ha sido, ante todo, el placer incómodo de poner palabras precisas a una sospecha que ya me rondaba la mente; un ejercicio de honestidad intelectual que me obliga a enfrentar el dilema de cómo la lógica que pretendo combatir ha podido invadir y parasitar mi propio pensamiento, un pensamiento que siempre he asumido como socialista y emancipador.
