Sobre la sanación y el materialismo
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Sobre la sanación y el materialismo

En los últimos años se ha extendido con fuerza la idea de que cargamos con «heridas ancestrales», de que nuestros antepasados nos han dejado tareas pendientes que debemos sanar. Esta intuición, aunque a menudo se formule en clave espiritual, energética o bajo las modas del bienestar holístico, contiene algo profundamente verdadero: no empezamos desde cero. Nacemos en una historia que nos precede.

Ahora bien, la pregunta políticamente decisiva no es si heredamos algo —eso resulta evidente—, sino qué es exactamente lo que heredamos y de dónde proviene.

Un Sindicalismo para el S. XXI: Contra el Trabajo Parásito
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Un Sindicalismo para el S. XXI: Contra el Trabajo Parásito

El nuevo sindicalismo no puede defender cualquier empleo por el mero hecho de ser empleo. Debe evaluar el trabajo por su contribución a la vida, a la comunidad y al planeta.

Esto no es solo una crítica al presente. Es una herramienta de transición que permite a la clase trabajadora comenzar a construir, desde el seno del capitalismo, los criterios y las prácticas que harán posible el socialismo. La ética de clase no es un lujo teórico. Es una herramienta de poder: permite a la clase trabajadora distinguir entre lo que la fortalece y lo que la debilita, entre lo que amplía la vida y lo que la destruye. Y esa distinción es el primer paso para organizar conscientemente el metabolismo social.

Un Sindicalismo para el S. XXI: Doble Frente: Producción y Consumo
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Un Sindicalismo para el S. XXI: Doble Frente: Producción y Consumo

Este eje materializa la unificación de clase en el terreno de la acción. Su principio es simple pero revolucionario: la clase trabajadora no solo produce, también reproduce su vida a través del consumo. Si el capital organiza su dominación en ambos frentes, la lucha debe articularse en ambos frentes.

El instrumento de esta articulación es el Sindicato de Consumidores Trabajadores (SCT) . No es una organización paralela ni un apéndice del sindicato tradicional. Es la proyección del poder obrero sobre el territorio donde el capital se realiza: el mercado. El SCT es, en sí mismo, un dispositivo anti-sectorial que rompe la fragmentación corporativa para construir poder de clase desde la totalidad de la experiencia vital.

Altruismo no es egoísmo: la cooperación como imperativo material y político
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Altruismo no es egoísmo: la cooperación como imperativo material y político

«No existen los actos desinteresados.»

Según esta visión, toda acción humana, por altruista que parezca, estaría en última instancia motivada por el interés propio. El placer o satisfacción que reporta la ayuda al otro sería la prueba de que no existe un acto puramente desinteresado. Esta antropología, que ha encontrado su formulación más refinada en el homo economicus de la tradición liberal, no es una descripción neutral de la naturaleza humana, sino un postulado político que, al ser naturalizado, legitima la competencia y el cálculo utilitario como los únicos motores «realistas» de la vida social.

Este texto tiene un objetivo claro: demostrar que esta tesis es falsa —no solo filosóficamente, sino también biológicamente— y que la cooperación, lejos de ser una imposición moral, es la condición material de nuestra existencia como especie (motivo por el cual produce placer) y, por tanto, el fundamento de una política verdaderamente emancipadora.

Un sindicalismo para el S. XXI: Hacia la unificación de la clase trabajadora y la disolución sectorial
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Un sindicalismo para el S. XXI: Hacia la unificación de la clase trabajadora y la disolución sectorial

La estrategia central del nuevo sindicalismo debe ser la tendencia constante a la disolución de las fronteras sectoriales y la creación de marcos de confluencia que permitan a la clase trabajadora percibir —y ejercer— su unidad fundamental.

El capital no solo explota: divide. Su estrategia más eficaz ha sido la sectorialización de la conciencia de clase. Al fragmentar la negociación en ramas separadas —metal, comercio, hostelería, cuidados, logística—, el capital impide que la clase trabajadora actúe como un todo. Cada sector negocia por su cuenta, y cada convenio se convierte en una frontera. Lo que debería ser una fuerza común —la capacidad de paralizar el metabolismo social— se dispersa en una suma de intereses parciales y a menudo contradictorios.

Comentario sobre «¿Qué es el Estado? Capitalismo, democracia y socialismo en el S.XXI», de Paolo Botta.
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Comentario sobre «¿Qué es el Estado? Capitalismo, democracia y socialismo en el S.XXI», de Paolo Botta.

El núcleo problemático de la obra de Paolo Botta en ¿Qué es el Estado? Capitalismo, Socialismo y Democracia en el S. XXI radica en su intento de formular una teoría del Estado fundada sobre una supuesta «perspectiva política independiente» de la institución estatal. Al abstraer al Estado de su sostén histórico y de su matriz de clase —o del estamento que precede a la clase en formaciones sociales previas—, el autor no construye una teoría pura de la política, sino un modelo idealista suspendido en el aire que parece intentar justificarse en la simple repetición de la propia hipótesis.

Un sindicalismo para el S. XXI: Control obrero. La ofensiva en el centro de trabajo
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Un sindicalismo para el S. XXI: Control obrero. La ofensiva en el centro de trabajo

Los trabajadores deben exigir un marco legal que impida la destrucción de puestos de trabajo como moneda de cambio del capital. Ese marco debe establecer que, en caso de cierre o abandono patronal, se active automáticamente un protocolo de auditoría de la plusvalía acumulada.

La cuestión es simple: si una empresa ha sido rentable durante años, si ha generado beneficios extraordinarios, si el capitalista ha acumulado riqueza a costa del trabajo vivo, entonces esa plusvalía no puede ser utilizada como excusa para cerrar y desaparecer. El empresario no puede declarar una quiebra, o un cierre por jubilación o desinterés después de haberse enriquecido durante décadas y dejar a los trabajadores sin salida.

La legislación debe establecer que, cuando la plusvalía total extraída a lo largo de la vida de la empresa supere el coste histórico de su constitución y mantenimiento, los trabajadores tendrán derecho a la continuidad de la explotación sin asumir deuda alguna. El capital ha sido ya compensado con creces. La empresa, como organismo productivo, no le pertenece ya por derecho histórico: le pertenece a la sociedad que la ha hecho funcionar.

¿De qué hablo cuando hablo de socializar los medios de producción?
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¿De qué hablo cuando hablo de socializar los medios de producción?

La producción social constituye un único metabolismo material. Las distintas ramas de la economía no existen como entidades independientes que posteriormente cooperan entre sí; existen desde su origen como momentos diferenciados de un mismo proceso de reproducción social. Pretender que cada una pueda autodeterminarse al margen del conjunto equivale a fragmentar artificialmente una unidad que ya es objetiva. La planificación no crea esa unidad: simplemente la hace consciente y la somete al control democrático de la sociedad.

Un sindicalismo para el S. XXI: Formación Política. El sindicato como escuela de clase
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Un sindicalismo para el S. XXI: Formación Política. El sindicato como escuela de clase

El sindicalismo se ha convertido en un mediador profesional del conflicto entre capital y trabajo. Su función, en la práctica, no es cuestionar la relación de fuerzas, sino gestionarla para que el capital pueda seguir reproduciéndose sin sobresaltos.

Ya no aspira a desplazar el centro de decisión, no aspira a emancipar a la clase trabajadora de su opresión, sino a obtener migajas de un poder que reconoce como ajeno. Y al hacerlo, reproduce la lógica que lo anula: la del trabajo como mercancía, la de la negociación como súplica, la de la organización como gestoría de la explotación.

Comentario sobre «Crítica de la Razón Liberal, de Andrea Zhok»
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Comentario sobre «Crítica de la Razón Liberal, de Andrea Zhok»

Zhok rastrea los orígenes del pensamiento liberal y señala cómo este reduce la existencia humana a la categoría de individuo preconstituido. Para la razón liberal, el ser humano nace plenamente formado, con una serie de preferencias y derechos abstractos, desvinculado de cualquier tejido comunitario, histórico o biológico. La sociedad, bajo esta mirada, no es una comunidad de destino, sino un mero contrato asociativo entre átomos egoístas que buscan maximizar su utilidad.

Leer a Zhok ha sido, ante todo, el placer incómodo de poner palabras precisas a una sospecha que ya me rondaba la mente; un ejercicio de honestidad intelectual que me obliga a enfrentar el dilema de cómo la lógica que pretendo combatir ha podido invadir y parasitar mi propio pensamiento, un pensamiento que siempre he asumido como socialista y emancipador.

¿Quién está destruyendo los valores sociales?
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¿Quién está destruyendo los valores sociales?

La comunidad no se decreta.
No se invoca.
No se añora hasta que reaparece.

Se produce materialmente.

Solo puede emerger allí donde existan condiciones de estabilidad, tiempo compartido, arraigo territorial, seguridad vital y horizonte común.

¿Nos hacía falta la ola de extrema derecha?
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¿Nos hacía falta la ola de extrema derecha?

Hay preguntas que incomodan porque parecen conceder demasiado al enemigo. Esta es una de ellas. Formularla no implica celebrar su existencia, sino comprender qué revela. Porque toda forma ideológica que emerge con fuerza no solo expresa un proyecto: también delata las grietas del terreno sobre el que se levanta.

La ola reaccionaria no nace de la nada. No es un accidente histórico ni una anomalía externa. Es una respuesta —distorsionada, desplazada, instrumentalizada— a contradicciones materiales que no han dejado de intensificarse: precariedad estructural, pérdida de horizontes, degradación de las condiciones de vida, ruptura de los vínculos sociales. Pero donde podría haber conciencia de clase, aparece identidad herida; donde podría haber organización colectiva, aparece repliegue defensivo; donde podría haber análisis estructural, aparece búsqueda de culpables.

Sin embargo, su irrupción ha tenido un efecto que no puede ignorarse: ha roto el espejismo de estabilidad ideológica en el que una parte de la izquierda occidental llevaba décadas instalada.

¿De qué hablo cuando hablo de socialismo? (Spoiler: No es del PSOE)
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¿De qué hablo cuando hablo de socialismo? (Spoiler: No es del PSOE)

Uno de los mayores problemas políticos contemporáneos es la confusión deliberada entre socialdemocracia y socialismo. No porque ambas corrientes sean idénticas históricamente, sino porque el capitalismo europeo consiguió algo extremadamente eficaz tras el siglo XX: absorber a gran parte de los antiguos partidos obreros dentro de la gestión estable del propio sistema.

El socialismo no consiste simplemente en “más derechos” dentro del capitalismo. Consiste en desplazar el centro de poder económico fuera de la lógica privada de acumulación.

IUS LABORIS: Fundamento de una nueva comunidad política
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IUS LABORIS: Fundamento de una nueva comunidad política

La humanidad no ha vivido aún su propia historia. Ha vivido, hasta hoy, la deriva de un animal social empujado por fuerzas que no comprende: la escasez organizada, el mercado fetichizado, la herencia convertida en derecho, la frontera elevada a destino. Lo que se ha llamado “historia” ha sido, en gran medida, la narración posterior de procesos no conscientes, gobernados por relaciones materiales ocultas bajo mitologías jurídicas, religiosas o económicas.

El materialismo histórico no introduce una verdad nueva ni sustituye una fe por otra. No deifica la materia ni lo social. Hace algo más decisivo: hace posible la historia misma, al permitir identificar las mediaciones reales que han dirigido el devenir humano sin que este pudiera reconocerse en ellas. Allí donde antes había instinto social, reacción y adaptación ciega, abre la posibilidad de conciencia.

Sin conciencia no hay historia: hay repetición animal.

El punto de partida de esta ruptura es el trabajo.

Derecho a permanecer en origen
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Derecho a permanecer en origen

El capitalismo contemporáneo ha conseguido una operación ideológica particularmente eficaz: presentar como libertad aquello que muchas veces es una forma de coerción material. Entre esas operaciones destaca una especialmente importante para nuestro tiempo: convertir la migración forzada por necesidad económica en símbolo abstracto de progreso, modernidad o apertura.

Desde una perspectiva marxista, el problema no reside en el derecho humano a migrar. Ese derecho es irrenunciable. Toda persona debe poder desplazarse, vivir y trabajar donde desee sin persecución ni degradación de sus derechos. El problema aparece cuando la movilidad deja de ser una elección libre y se convierte en condición estructural de supervivencia dentro del mercado mundial capitalista.

La cuestión central no es simplemente quién cruza fronteras, sino por qué millones de personas se ven obligadas a hacerlo.

El novio de Andrea Sachs (El diablo viste de Prada) como síntoma de otro fin de era
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El novio de Andrea Sachs (El diablo viste de Prada) como síntoma de otro fin de era

Hay momentos en los que la ideología no necesita inventar nada nuevo. Le basta con reorganizar la percepción de lo que ya existe. No transforma la realidad: transforma la forma en que se distribuye la responsabilidad dentro de ella.

La relectura contemporánea de El diablo viste de Prada pertenece a ese tipo de operación.

Durante años, la película funcionó como expresión de una contradicción material clara: la imposibilidad de sostener la vida dentro de un régimen de trabajo que exige su subordinación total. Andrea no fracasa por debilidad ni por error moral. Es el propio sistema —encarnado en la lógica que atraviesa a Miranda Priestly— el que convierte la vida en residuo.

Sin embargo, la lectura dominante ha desplazado esa contradicción. Donde había estructura, ahora hay decisiones. Donde había organización social del tiempo, ahora hay gestión individual. Y en ese desplazamiento, el conflicto desaparece como tal: se redistribuye.

Hannah Arendt y los límites morales de la política burguesa: crítica del aparato cultural que la consagra
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Hannah Arendt y los límites morales de la política burguesa: crítica del aparato cultural que la consagra

El pensamiento de Hannah Arendt se presenta como una defensa exigente de la política frente a las catástrofes del siglo XX. Su énfasis en la acción, la pluralidad y el juicio sitúa la responsabilidad individual en el centro: frente a la obediencia, pensar; frente a la masa, decidir; frente al horror, responder.

No obstante, al desplazar el foco hacia la incapacidad de pensar, el mal tiende a aparecer como un déficit del sujeto. Con ello se ilumina una dimensión efectiva de la dominación, pero al mismo tiempo se corre el riesgo de oscurecer otra: las condiciones materiales que producen y organizan esas conductas. La responsabilidad se individualiza; las relaciones sociales que la hacen posible se vuelven opacas.

Un sindicalismo para el S. XXI: El fin de un ciclo histórico
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Un sindicalismo para el S. XXI: El fin de un ciclo histórico

El sindicalismo tradicional fue moldeado por el pacto social-productivista de posguerra. En aquel contexto histórico —crecimiento económico sostenido, pleno empleo masculino en la gran industria, Estado keynesiano con margen de maniobra—, la función de mediación entre capital y trabajo podía presentarse como un progreso real. Los aumentos salariales se traducían en mejoras de vida porque existían condiciones que lo permitían: estabilidad laboral, vivienda pública, servicios sociales en expansión, menor peso del capital financiero.

Pero el capitalismo del siglo XXI ha liquidado esas condiciones. La financiarización, la globalización productiva, la digitalización algorítmica y la crisis ecológica han reconfigurado por completo el terreno de juego. El capital ya no necesita el pacto social; lo considera un obstáculo.

El capital posfordista opera mediante externalización del riesgo, individualización del trabajador, territorialización del conflicto, precarización estructural y captura emocional. Los sindicatos continúan leyendo el conflicto laboral como si la fábrica fuera un espacio cerrado, estable y homogéneo, cuando hoy el control se ejerce mediante algoritmos, aplicaciones y evaluaciones continuas. Esta ceguera estratégica los condena a reaccionar, nunca a anticipar.

En palabras de Mario Tronti:

«Cuando los trabajadores dejan de analizar el capital, el capital analiza y anticipa a los trabajadores.»

De Dune a Fundación pasando por Marx: repensando el partido de vanguardia
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De Dune a Fundación pasando por Marx: repensando el partido de vanguardia

Durante siglos, la humanidad fue un actor inconsciente de su propia historia. Las fuerzas que moldeaban su destino —económicas, ecológicas, culturales— operaban sin ser comprendidas. La ideología burguesa, con su énfasis en el «individuo excepcional», ocultaba el carácter colectivo de toda transformación histórica.

El materialismo histórico introduce la posibilidad radical de entender estas fuerzas y actuar sobre ellas. La ciencia ficción, a su manera, explora qué ocurriría si una civilización pusiera en práctica ese conocimiento: integrando la memoria colectiva de la especie (Bene Gesserit), comprendiendo la ecología histórica (Kynes), anticipando los patrones globales de la sociedad (Seldon) y, sobre todo, construyendo organizaciones capaces de sostener ese conocimiento y esa estrategia a través del tiempo.

En ese horizonte, la historia deja de ser un accidente. Se convierte en una construcción consciente de la humanidad sobre sí misma, basada en la comprensión de sus leyes materiales, ecológicas y sociales.

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