La oposición entre genética y clase social es una falsa disyuntiva. No porque una sustituya a la otra, sino porque ambas forman parte de un mismo proceso material. La biología humana no se despliega en el vacío; se desarrolla en condiciones históricas determinadas. Y esas condiciones, en las sociedades divididas en clases, están estructuradas por la desigualdad.
La reproducción humana no es un fenómeno puramente biológico. Está organizada socialmente. Los individuos no se vinculan desde una neutralidad abstracta, sino desde posiciones concretas en la estructura de clases. La distribución desigual de riqueza, espacio, educación y seguridad delimita el campo real de relaciones posibles. Así, la estructura social no crea los genes, pero sí organiza las condiciones bajo las cuales se transmiten y recombinan.
