Es el capitalismo, no el género
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Es el capitalismo, no el género

Escucho sistemáticamente en algunos círculos autodenominados de izquierda la defensa de que un mundo gobernado por mujeres sería más amable, más pacífico y más habitable.

Esta defensa se formula en abstracto, sin tener en cuenta el sistema mismo de gobierno; se justifica simplemente en el género. Pero esa idea no se sostiene bajo ningún análisis histórico serio.

La identidad de género no suspende las reglas del juego. Puede introducir matices, prioridades específicas o estilos distintos de comunicación, pero no altera la lógica estructural si esta permanece intacta.

Una presidenta puede hablar con más empatía mientras su gobierno desahucia, deslocaliza o bombardea.

La empatía no paga alquileres ni restituye vidas.

La historia la escriben los vencedores. El presente también
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La historia la escriben los vencedores. El presente también

Decir que la historia la escriben los vencedores suele funcionar como una verdad asumida, casi trivial. Todo el mundo parece estar de acuerdo. Sin embargo, esta afirmación se queda con demasiada frecuencia en la superficie. La aceptamos, pero no la llevamos hasta sus últimas consecuencias. La convertimos en una observación neutral sobre el pasado, en lugar de reconocerla como una ley activa del presente.

Los vencedores no son únicamente quienes ganan guerras militares. Son, sobre todo, quienes vencen en la organización material de la sociedad. Quienes se imponen en el terreno económico, político y cultural. En el sistema actual, los vencedores son los capitalistas, que no solo triunfan mediante la violencia directa —cuando esta es necesaria—, sino, principalmente, mediante una guerra cultural prolongada que logra presentar la explotación como algo natural, inevitable o incluso deseable.

Yo no soy un idealista, tú (quizá) sí
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Yo no soy un idealista, tú (quizá) sí

Cuando se me acusa de idealista mientras sostengo una posición materialista, no estamos ante una discrepancia teórica ni ante un malentendido conceptual. Estamos ante una inversión ideológica naturalizada: llamar idealista a quien señala los límites materiales de la realidad, para proteger a quien cree que esos límites no existen.

El retraso en el encuentro con la realidad como causa de la derechización de los jóvenes varones. Una hipótesis contraintuitiva
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El retraso en el encuentro con la realidad como causa de la derechización de los jóvenes varones. Una hipótesis contraintuitiva

La sociedad capitalista define la identidad humana a través del trabajo. Es en el momento en que una persona se enfrenta a su condición de fuerza de trabajo cuando se desvela la contradicción fundamental entre capital y trabajo.

Sin embargo, el retraso en la incorporación de los y las jóvenes al mercado laboral —resultado de la precarización estructural, la prolongación de los estudios y la dependencia económica familiar— retrasa también ese momento de confrontación con la realidad objetiva.

Durante ese período, muchos jóvenes varones permanecen instalados en una posición ilusoria de neutralidad, donde las ideologías de derecha ofrecen una narrativa de orden, mérito y seguridad. Es decir, una ficción de control sobre un mundo que todavía no los ha golpeado. Salvo que los jóvenes varones posean una conciencia de clase extraída del ámbito familiar, habitan un periodo prolongado de moratoria en espacios educativos y de consumo donde la ideología del mérito y la movilidad permanece verosímil por más tiempo.

La competencia electoral es el mayor problema de la democracia
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La competencia electoral es el mayor problema de la democracia

La democracia liberal se fundamenta en la competencia electoral como garante de pluralidad y libertad. Sin embargo, esta arquitectura produce el efecto contrario: fragmenta lo común, convierte las necesidades sociales en munición partidista y reduce a la ciudadanía al papel de espectadora periódica. El verdadero poder —económico, estructural— queda fuera de su alcance, ya que la lucha partidista se circunscribe a la gestión coyuntural dentro de límites que no puede traspasar. Lejos de ser un contrapoder, la competencia electoral actúa como una pantalla que oculta los fundamentos materiales del sistema.

El absurdo de atacar la fe
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El absurdo de atacar la fe

En distintos espacios transformadores —ya sean anarquistas, comunistas o socialistas— aparece con frecuencia una actitud beligerante hacia la fe y las prácticas religiosas de sectores populares. Se confunde la crítica histórica a la religión como forma ideológica con el ataque directo a la vivencia espiritual de personas concretas. Y ese error, además de ser teóricamente improductivo, es tácticamente dañino y estratégicamente contraproducente.

¿Por qué vives peor que tus padres?
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¿Por qué vives peor que tus padres?

Si hoy la vida parece más precaria, más fragmentada y sin rumbo, no es por culpa de quienes llegan de fuera, ni por un supuesto “exceso de derechos”. Es porque cuando desapareció la Unión Soviética, aún con sus problemas internos y contradicciones, el capitalista dejó de temer a la clase trabajadora.

“Siempre ha habido clases”: MENTIRA.
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“Siempre ha habido clases”: MENTIRA.

La humanidad vivió durante la mayor parte de su historia sin clases sociales, en comunidades donde la cooperación y el reparto común eran la norma. Lo “eterno” no es la explotación, sino la capacidad humana de vivir colectivamente.

Lo que te da el salario, te lo quita el precio
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Lo que te da el salario, te lo quita el precio

Lo que percibes como una mejora momentánea en tu nómina, termina siempre regresando a los bolsillos de quienes dominan el mercado. ¿Cómo? A través del aumento en el precio de los alimentos, de la vivienda, de la energía, del transporte… Es decir, a través del aumento del coste de la vida.