
De qué sirve decir la verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina?, Bertold Brecht.
¿Qué es el Fascismo?
El Fascismo es la expresión más autoritaria y violenta del régimen de apropiación burgués. Surge cuando las circunstancias políticas e históricas no permiten que la burguesía continúe con la explotación económica de la clase trabajadora en los niveles que considera adecuados.
¿Cómo se construye?
Se construye sobre las ideas de la burguesía dominante, es decir, la apropiación de capital en todas sus formas, incluida la violencia.
Para ello se sirven de ideas «mitológicas» irracionales que, gracias al influjo de la violencia discursiva y física, así como la educación y la cultura que dominan, las clases subalternas asumen como propias haciéndolas defender intereses que no les son propios.
¿Qué ideas son?
Históricamente ha predominado el mito nacional pero en las últimas décadas este se está viendo complementado por el concepto de la mano invisible del Mercado.
El mito nacional actúa dándonos una muy necesaria función vital que trasciende nuestra existencia finita e individual y nos diferencia de forma simple y visible a través de símbolos como la bandera.
Con el neoliberalismo surgido a finales de los 80, tras corromper el pensamiento de un Adam Smith que alertaba contra el Gobierno de los Mercaderes, toma relevancia el concepto de la mano invisible del Mercado, convirtiendo lo que es un interés de clase en una deidad invisible (mitificación) que permite la justificación constante del ideario de apropiación burgués para aquellos a los que la cuestión nacionalista se les queda “anticuada”.
Un poco de Historia.
A principios del S.XX los Fascismos (y su consiguiente Guerra Mundial) surgieron como respuesta de las burguesías nacionales a la escasez posterior a la 1ª Guerra Mundial así como a la reducción de las posibilidades de expolio de capitales consecuencia de la fuerza de la clase obrera para negociar mejoras en su favor.
Tras la 2ª Guerra Mundial, y gracias la posibilidad de explotar las colonias extranjeras, las principales fuerzas de la burguesía (socialdemócratas y democristianos) llegan a un consenso que facilita la paz social y el establecimiento de los Estados de Bienestar en las «democracias» occidentales.
Tras la aceleración de los procesos de descolonización, tanto materiales como ideológicos y las consiguientes pérdidas económicas que esto provoca en las burguesías, se inicia finales de los 80 la contrarrevolución neoliberal en Occidente que, con Reagan y Tatcher a la cabeza, busca destruir el poder y la unión de la clase trabajadora occidental con la creación mediática de nuevas “otredades” (inmigrantes, parados…) a los que se transforma de víctimas en parásitos del sistema.
Este proceso permite a la clase dominante esconder su dominación y orientar los conflictos sociales a una guerra de los penúltimos contra los últimos que, hasta nuestros días, es cada vez más cruenta.
A su vez, la caída del mal llamado modelo “soviético”, consecuencia de la defensa del “socialismo de un solo país” que se arrastraba desde Stalin, así como el éxito en el campo socialdemócrata de la “tercera vía” (desde entonces, abiertamente neoliberal en lo económico), privan a la clase trabajadora de su Utopía (Futuro), reforzando la idea vendida por la burguesía dominante (conservadora y progresista) de que su sistema socio-económico de explotación, el capitalismo, es la única opción plausible.
El Fascismo en la Actualidad.
“Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente”. Friedrich August von Hayek (Economista Precursor del Neoliberalismo)
La escasez de recursos en un planeta finito, la perspectiva de carencias energéticas por el agotamiento de los combustibles fósiles, el cambio climático, la conciencia globalista y solidaria de una parte importante de la sociedad que empieza a poner en duda de nuevo que los intereses de la clase explotadora le sean propios y que relee la historia desde la perspectiva de los vencidos, así como los flujos migratorios provocados por las carencias materiales y humanas de países que han sido sistemáticamente explotados por los intereses burgueses de las «democracias» occidentales, el neoliberalismo está mutando hacia un modelo nítidamente autoritario que cada vez corre más peligro de convertirse en Fascismo de Mercado.
El Fascismo de Mercado vendría a ser un modelo híbrido donde los nacionalismos vuelven a elevarse como la forma natural de desviar la atención de los problemas creados por el capital hacia los pobres pero que, además, se apoya sobre el mito de la mano invisible del Mercado que es utilizada para convertir al pobre en culpable de su pobreza, justificando y permitiendo así su explotación.
