Publicado en

Destino Manifiesto, Sionismo e Imperialismo: La Ideología de la Dominación

La historia moderna no puede comprenderse como un simple desarrollo de ideas o misiones espirituales, sino como el despliegue de un modo de producción que busca expandir sus condiciones de existencia. Las narrativas de elección divina o de destino histórico no son causas de la expansión imperial, sino formas ideológicas que expresan y legitiman intereses materiales: la necesidad del capital de conquistar nuevos territorios, mercados y fuentes de trabajo y recursos.

El llamado “Destino Manifiesto” estadounidense y el sionismo político no son excepciones culturales o religiosas, sino expresiones históricas de un mismo proceso: la mundialización del capital bajo ropajes morales y teológicos. La teología se convierte en superestructura legitimadora de la acumulación, y la expansión territorial en condición de reproducción del sistema capitalista.

Artículo relacionado: ¿Por qué a los trabajadores debe importarnos la cuestión colonial?

Protestantismo y la Formación de la Ideología del Pueblo Elegido

El protestantismo, y en particular su vertiente calvinista, jugó un papel central en la construcción de la subjetividad burguesa. Al convertir el trabajo y el éxito material en signos de salvación, tradujo la lógica del capital en moral religiosa. El “elegido” no es el pobre ni el humilde, sino el que triunfa en el mercado, el que acumula y domina.

De este modo, la fe en la predestinación divina anticipa en el plano ideológico la lógica del capital: la desigualdad aparece como natural y legítima, y la expansión económica como mandato moral. La teología se seculariza en la práctica económica y política de la burguesía ascendente.

El Destino Manifiesto: La Misión como Ideología de Estado

Con la independencia y expansión de los Estados Unidos, la ideología religiosa se convierte en instrumento político de una clase dominante en consolidación. El “Destino Manifiesto” no expresa una voluntad divina, sino la necesidad del capital norteamericano de ampliar su base territorial, eliminar las formas precapitalistas (comunidades indígenas, campesinado) y asegurar su hegemonía continental.

La expansión territorial, presentada como progreso o libertad, fue en realidad la expropiación violenta de los medios de subsistencia de otros pueblos. En términos marxistas, fue una acumulación originaria prolongada, que permitió la concentración de tierras, capital y fuerza de trabajo en manos de una clase burguesa emergente. La violencia se justificó mediante una moral superior, ocultando su carácter económico.

El Sionismo: Nacionalismo Burgués y Colonización Capitalista

El sionismo político moderno no surge del misticismo religioso, sino del contexto material del capitalismo europeo en crisis. En una Europa atravesada por tensiones de clase y antisemitismo, el sionismo canaliza las energías de una fracción burguesa judía hacia un proyecto nacional, cuya función histórica fue crear un enclave colonial en el Oriente Medio acorde a los intereses del capital imperialista.

La “Tierra Prometida” se transforma así en un proyecto de colonización y desposesión, respaldado por potencias capitalistas que hallan en él un aliado geopolítico estratégico. La teología se convierte en instrumento de dominación material: el mito del pueblo elegido sirve para encubrir la expulsión de las poblaciones palestinas y la instauración de un aparato estatal-militar subordinado a la lógica del capital global.

Imperialismo: La Unidad Material del Sistema

En su fase imperialista, el capitalismo unifica todas estas ideologías bajo una misma función: legitimar la expansión del capital financiero y militar. El imperialismo no es una política voluntarista, sino una necesidad estructural del modo de producción capitalista en su etapa de concentración y monopolio.

Las narrativas del “progreso”, la “libertad” o la “seguridad” cumplen el papel de ocultar las relaciones de explotación y dependencia que sostienen el orden mundial. La teología se convierte en ideología del capital, y la misión divina en la justificación moral de la dominación global. Lo sagrado no desaparece: se desplaza al dinero, al Estado y al poder militar.

Artículo relacionado: Capital Monopolista e Imperialismo Económico: La Dinámica Global del Capitalismo

Desvelar la Base Material del Mito

Desenmascarar las raíces teológicas del imperialismo no basta; es necesario revelar su base material. Detrás de cada misión civilizadora se encuentra la necesidad económica de nuevas fuentes de plusvalía y control político. El mito del pueblo elegido, ya sea en su forma puritana o sionista, es una expresión histórica de la ideología burguesa en expansión.

La crítica marxista muestra que no existen pueblos elegidos, sino clases dominantes que universalizan sus intereses presentándolos como destino histórico o mandato moral. La tarea del pensamiento revolucionario es convertir esa crítica en praxis, es decir, en la transformación consciente de las relaciones sociales que engendran la dominación.

Artículo relacionado: Contra la versión liberal de la Historia

Proletkult.

Suscríbete a nuestra Newsletter mensual.