Su objetivo es claro: erosionar sistemáticamente la legitimidad material, moral y simbólica del comunismo como horizonte histórico viable.
La tarea emancipatoria del presente, por tanto, requiere no solo de organización y lucha material, sino de una batalla cultural y epistemológica igualmente consciente y estratégica: desmontar los mitos heredados, recuperar la historia silenciada y, sobre todo, reabrir la posibilidad de futuros alternativos. Se trata de demostrar que la hegemonía occidental no es el fin de la historia, sino solo un capítulo—y que otros capítulos, más libres y justos, aún pueden ser escritos colectivamente.
