Irene Montero y la derecha: el odio a la cajera es el odio a la clase trabajadora
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Irene Montero y la derecha: el odio a la cajera es el odio a la clase trabajadora

Hay una forma de odio político que se disfraza de crítica ideológica, pero que en realidad tiene raíces mucho más profundas. Lo que la derecha española ha dirigido contra Irene Montero durante años no puede explicarse únicamente por su condición de mujer o por su papel en el feminismo institucional. Es algo más antiguo y más visceral: la intolerancia hacia la irrupción de la clase trabajadora en espacios de poder que históricamente le han estado vedados.

Por eso la biografía de Irene Montero incomoda. Antes de convertirse en ministra, fue cajera. Y aunque ese hecho pueda parecer anecdótico, en realidad tiene una carga política enorme. La figura de la cajera representa uno de los lugares más visibles del trabajo precarizado en las economías contemporáneas: salarios bajos, alta rotación, escaso reconocimiento social y una vida organizada alrededor de horarios impuestos por otros.

Cuando alguien con esa trayectoria entra en el gobierno, se produce una disonancia para quienes conciben el poder como un espacio reservado a determinadas capas sociales. No se trata solo de desacuerdo político. Se trata de una ruptura de jerarquías.

Marxismo y teoría de la personalidad, Lucien Sève
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Marxismo y teoría de la personalidad, Lucien Sève

La teoría de la personalidad de Lucien Sève es uno de los intentos más profundos y originales de construir una psicología científica sobre bases marxistas. Su objetivo principal fue superar lo que consideraba los dos grandes callejones sin salida de la psicología tradicional: el biologicismo (reducir la personalidad a lo innato o cerebral) y el idealismo (verla como algo abstracto que flota por encima de la sociedad) .

Para Sève, la clave para entender a la persona no está dentro de su cráneo, sino en la red de relaciones sociales en las que está inserta. Su punto de partida es la famosa Tesis VI de Marx sobre Feuerbach: «la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales» . A partir de ahí, desarrolla su teoría en varios conceptos fundamentales.

Contra la tendencia anti-partidos en la izquierda
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Contra la tendencia anti-partidos en la izquierda

Existe una idea que, sin haber demostrado jamás su eficacia histórica, se ha instalado en amplios sectores de la izquierda como si fuera una verdad evidente: la idea de que los partidos políticos son un problema en sí mismos. No que determinados partidos hayan fracasado, no que determinadas formas organizativas deban ser superadas o transformadas, sino que el propio principio de organización política en forma de partido sería una especie de desviación, un obstáculo o incluso una traición a la emancipación.

Esta idea se presenta como radical. Como superación. Como madurez política.

Pero hay una pregunta elemental que nunca se responde:

¿En qué ha mejorado la posición relativa de la clase trabajadora desde que esta idea se volvió dominante?

La clase como arquitecta invisible de la biología humana
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La clase como arquitecta invisible de la biología humana

La oposición entre genética y clase social es una falsa disyuntiva. No porque una sustituya a la otra, sino porque ambas forman parte de un mismo proceso material. La biología humana no se despliega en el vacío; se desarrolla en condiciones históricas determinadas. Y esas condiciones, en las sociedades divididas en clases, están estructuradas por la desigualdad.

La reproducción humana no es un fenómeno puramente biológico. Está organizada socialmente. Los individuos no se vinculan desde una neutralidad abstracta, sino desde posiciones concretas en la estructura de clases. La distribución desigual de riqueza, espacio, educación y seguridad delimita el campo real de relaciones posibles. Así, la estructura social no crea los genes, pero sí organiza las condiciones bajo las cuales se transmiten y recombinan.

Sin soberanía colectiva (de clase y estructural) no es posible la soberanía individual
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Sin soberanía colectiva (de clase y estructural) no es posible la soberanía individual

La soberanía individual no es el inicio, sino el resultado. La soberanía individual suele presentarse como algo natural. Se nos enseña que cada persona es dueña de sí misma, que sus decisiones le pertenecen y que su vida depende fundamentalmente de su voluntad.

Sin embargo, esta idea invierte el orden real de las cosas. Nadie decide el mundo en el que nace. Nadie decide el sistema económico que determina sus posibilidades, el idioma que estructura su pensamiento, ni las condiciones materiales que hacen posible su existencia.

El individuo no aparece primero y luego construye la sociedad. Aparece dentro de una sociedad que ya existe. Por tanto, su capacidad de decidir sobre sí mismo depende necesariamente de la capacidad de esa sociedad de decidir sobre sí misma.

La soberanía individual no es el punto de partida. Es el resultado de un proceso colectivo.

La homogeneización capitalista frente a la potenciación de la diferencia en el socialismo
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La homogeneización capitalista frente a la potenciación de la diferencia en el socialismo

La acusación de que el socialismo produce uniformidad ignora un hecho observable: la mayor homogeneización funcional de la historia humana se ha producido bajo el desarrollo del capitalismo industrial y postindustrial.

Antes del capitalismo, las sociedades estaban estructuradas en torno a funciones relativamente diversas, aunque jerárquicas: artesanos, campesinos, constructores, tejedores, herreros. Estas funciones implicaban conocimientos integrales y un vínculo directo entre el individuo y su actividad. Con la consolidación del capitalismo industrial en los siglos XVIII y XIX, este modelo fue sustituido progresivamente por el trabajo abstracto: el trabajador ya no producía un objeto completo, sino que ejecutaba una función parcial, repetitiva y estandarizada dentro de un sistema productivo mayor.

La propaganda anticomunista ayer y hoy. Arquitectura de una guerra cultural
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La propaganda anticomunista ayer y hoy. Arquitectura de una guerra cultural

Su objetivo es claro: erosionar sistemáticamente la legitimidad material, moral y simbólica del comunismo como horizonte histórico viable.

La tarea emancipatoria del presente, por tanto, requiere no solo de organización y lucha material, sino de una batalla cultural y epistemológica igualmente consciente y estratégica: desmontar los mitos heredados, recuperar la historia silenciada y, sobre todo, reabrir la posibilidad de futuros alternativos. Se trata de demostrar que la hegemonía occidental no es el fin de la historia, sino solo un capítulo—y que otros capítulos, más libres y justos, aún pueden ser escritos colectivamente.

La competencia electoral es el mayor problema de la democracia
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La competencia electoral es el mayor problema de la democracia

La democracia liberal se fundamenta en la competencia electoral como garante de pluralidad y libertad. Sin embargo, esta arquitectura produce el efecto contrario: fragmenta lo común, convierte las necesidades sociales en munición partidista y reduce a la ciudadanía al papel de espectadora periódica. El verdadero poder —económico, estructural— queda fuera de su alcance, ya que la lucha partidista se circunscribe a la gestión coyuntural dentro de límites que no puede traspasar. Lejos de ser un contrapoder, la competencia electoral actúa como una pantalla que oculta los fundamentos materiales del sistema.

El absurdo de atacar la fe
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El absurdo de atacar la fe

En distintos espacios transformadores —ya sean anarquistas, comunistas o socialistas— aparece con frecuencia una actitud beligerante hacia la fe y las prácticas religiosas de sectores populares. Se confunde la crítica histórica a la religión como forma ideológica con el ataque directo a la vivencia espiritual de personas concretas. Y ese error, además de ser teóricamente improductivo, es tácticamente dañino y estratégicamente contraproducente.

Manifiesto para la Supervivencia (1972). Una crítica desde el materialismo
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Manifiesto para la Supervivencia (1972). Una crítica desde el materialismo

El Manifiesto para la Supervivencia (1972) es un texto que anticipa, con notable lucidez, la gravedad de la crisis ecológica. Reconoce que la expansión industrial y el metabolismo extractivo de la sociedad moderna amenazan las bases mismas de la vida. En ese sentido, aporta un marco descriptivo relevante: señala los límites biofísicos del planeta, critica el crecimiento indefinido y propone adaptar la producción a las capacidades reales de cada territorio, incluso replanteando la escala de la actividad social.

Lo que sigue es una crítica sistemática que recoge tres grandes núcleos problemáticos del libro —económico, sociológico y político— y los entrelaza con una visión materialista que restituye lo que el texto omite o invierte.

La URSS y el reconocimiento histórico de la nación romaní
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La URSS y el reconocimiento histórico de la nación romaní

Frente a la tradición de marginación estructural que ha sufrido el pueblo romaní, la Unión Soviética representó un punto de inflexión único. Por primera y única vez, un Estado no solo reconoció a los romaníes como un colectivo cultural legítimo, sino como una nación, con derecho a su propio desarrollo dentro de un proyecto político común. La URSS no trató al pueblo romaní como una anomalía, sino como parte del mosaico multinacional que el marxismo-leninismo identificaba como base material del Estado soviético.

Korenizatsia: la política soviética que reinventó la cuestión nacional
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Korenizatsia: la política soviética que reinventó la cuestión nacional

La historia del siglo XX está marcada por proyectos nacionales que, en su mayoría, replicaron la lógica del Estado-nación burgués: homogenización cultural, imposición lingüística y jerarquías étnicas bajo la retórica de la ciudadanía universal. Frente a ese modelo, la Unión Soviética desarrolló un marco radicalmente diferente para gestionar la diversidad: la korenizatsia, un conjunto de políticas que buscaban empoderar a los pueblos no rusos dentro del proyecto socialista.

Más que una política administrativa, la korenizatsia fue un experimento histórico sin precedentes: el intento de construir un Estado multinacional basado no en la dominación cultural, sino en la promoción activa de las identidades oprimidas.

La URSS bajo asedio: las presiones externas que moldearon su desarrollo
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La URSS bajo asedio: las presiones externas que moldearon su desarrollo

La Unión Soviética no se desarrolló en un vacío histórico. Surgió, creció y se transformó en medio de un entorno profundamente hostil, en el que las potencias capitalistas entendieron desde el inicio que el primer Estado obrero representaba una ruptura intolerable del orden mundial. Su trayectoria no puede comprenderse sin analizar las presiones —militares, económicas, ideológicas y sistemáticas— que condicionaron sus decisiones, ritmos y prioridades.

Más que un simple telón de fondo, estas presiones fueron determinantes materiales que empujaron a la URSS hacia un modelo defensivo, centralizado y obligado a la movilización continua.

Destino Manifiesto, Sionismo e Imperialismo: La Ideología de la Dominación
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Destino Manifiesto, Sionismo e Imperialismo: La Ideología de la Dominación

La historia moderna no puede comprenderse como un simple desarrollo de ideas o misiones espirituales, sino como el despliegue de un modo de producción que busca expandir sus condiciones de existencia. Las narrativas de elección divina o de destino histórico no son causas de la expansión imperial, sino formas ideológicas que expresan y legitiman intereses materiales: la necesidad del capital de conquistar nuevos territorios, mercados y fuentes de trabajo y recursos.

El llamado “Destino Manifiesto” estadounidense y el sionismo político no son excepciones culturales o religiosas, sino expresiones históricas de un mismo proceso: la mundialización del capital bajo ropajes morales y teológicos. La teología se convierte en superestructura legitimadora de la acumulación, y la expansión territorial en condición de reproducción del sistema capitalista.

Propiedad. Doctrina Social de la Iglesia y Marxismo. Puntos en común.
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Propiedad. Doctrina Social de la Iglesia y Marxismo. Puntos en común.

Pocas palabras han sido tan secuestradas por el poder como propiedad. En su nombre se han construido imperios, se han cometido guerras y se han justificado desigualdades. Pero ni siquiera las tradiciones más conservadoras de la historia del pensamiento cristiano llegaron jamás a aceptar que la propiedad fuese un derecho absoluto, intocable, divino.

Historia vs. Memoria
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Historia vs. Memoria

La diferencia entre historia y memoria no es un debate académico, sino un campo de batalla político. La historia oficial es el discurso con que los vencedores legitiman su poder; la memoria, en cambio, resiste en nombre de los vencidos.

¿Por qué vives peor que tus padres?
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¿Por qué vives peor que tus padres?

Si hoy la vida parece más precaria, más fragmentada y sin rumbo, no es por culpa de quienes llegan de fuera, ni por un supuesto “exceso de derechos”. Es porque cuando desapareció la Unión Soviética, aún con sus problemas internos y contradicciones, el capitalista dejó de temer a la clase trabajadora.

¿Crisis de representatividad o fin de época?
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¿Crisis de representatividad o fin de época?

En las últimas décadas, Europa ha asistido a un fenómeno político cada vez más extendido: la dificultad de formar gobiernos de mayoría estable. Parlamentos fragmentados, proliferación de partidos, coaliciones inestables y bloqueos institucionales se han convertido en la norma. No se trata de una mera anomalía coyuntural ni de un cambio cultural pasajero. Detrás de esta crisis de mayorías se esconde un proceso más profundo: el capitalismo ha multiplicado sus contradicciones internas y, al mismo tiempo, ha conseguido separarlas unas de otras, hasta el punto de individualizar la experiencia subjetiva de la confrontación política.

La policía no es neutral: origen histórico y función de clase
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La policía no es neutral: origen histórico y función de clase

Una de las creencias más extendidas en nuestras sociedades es que la policía existe para proteger al individuo. Se la presenta como un servicio neutral, un árbitro imparcial que vela por la seguridad de todos. Sin embargo, una mirada materialista revela otra cosa: la policía es, desde su origen moderno, un aparato del Estado burgués destinado a garantizar la reproducción del orden social basado en la propiedad privada y la explotación de la clase trabajadora.

Construir Futuro
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Construir Futuro

La izquierda debe superar el infantilismo de dividirse en innumerables partidos por cuestiones circunstanciales o de forma, y entender que solo su reunificación en un partido de vanguardia fuerte y cohesionado podrá reconstruir el espacio de la clase trabajadora y marcar la agenda del futuro, así lo ha demostrado la Historia. Una reunificación que no se base en la mera confluencia de siglas o en la simple coalición de intereses tácticos, sino en la construcción de una ideología común sólida y un programa de transformación radical que sea compartido y defendido con convicción por todas las partes.