¿Quién piensa en la especie?
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¿Quién piensa en la especie?

Vivimos encerrados en el estrecho marco de la vida individual, como si la realidad se agotara entre el nacimiento y la muerte de un cuerpo. Esta ilusión —profundamente arraigada— nos condena a pensar en términos de coyuntura, de interés inmediato, de supervivencia fragmentaria. No se trata aquí de describir cómo funciona hoy la humanidad, sino de interrogar la forma que debería asumir si se pensara a sí misma como especie. Porque la humanidad no es una mera agregación de individuos sucesivos: es un proceso vivo, una unidad en devenir, un sujeto histórico que se construye a sí mismo a través del tiempo.

El productivismo limita la evolución humana
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El productivismo limita la evolución humana

La especie humana alcanzó su ventaja evolutiva no por la especialización, sino por su plasticidad: una capacidad excepcional para adaptarse a contextos cambiantes, reconfigurar prácticas y redefinir fines. Esta plasticidad no debe entenderse como una esencia abstracta, sino como una capacidad históricamente mediada por formas concretas de cooperación, producción y organización social.

Sin embargo, en el estadio histórico actual, esa ventaja se ha invertido. Nos hemos convertido en una especie altamente especializada, no en una función biológica concreta, sino en una lógica abstracta e ideológica: el productivismo. Se trata de una abstracción materialmente real, encarnada en instituciones, relaciones de producción y criterios sociales de valor que convierten la productividad en un fin absoluto.

Esta especialización no solo organiza el trabajo, sino que coloniza la subjetividad, el tiempo, el valor social y la idea misma de sentido. El resultado es un estancamiento evolutivo comparable al de cualquier especie hiperadaptada a un nicho que deja de existir, no en un sentido biológico, sino histórico-social: una rigidez en las formas de organización que limita la capacidad de transformación colectiva.

Yo no soy un idealista, tú (quizá) sí
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Yo no soy un idealista, tú (quizá) sí

Cuando se me acusa de idealista mientras sostengo una posición materialista, no estamos ante una discrepancia teórica ni ante un malentendido conceptual. Estamos ante una inversión ideológica naturalizada: llamar idealista a quien señala los límites materiales de la realidad, para proteger a quien cree que esos límites no existen.

Origen de Christopher Nolan y el concepto de Propiedad Privada: La idea que no parece una idea
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Origen de Christopher Nolan y el concepto de Propiedad Privada: La idea que no parece una idea

En la película Origen no se cambia la realidad convenciendo a nadie de nada. No hay discursos, ni razonamientos, ni iluminación súbita. Lo que se hace es mucho más profundo y, por eso mismo, más eficaz: se introduce una idea mínima en el lugar exacto donde se organizan las decisiones, de modo que el sujeto la viva como propia. No como algo aprendido, sino como algo obvio. Como algo que “siempre estuvo ahí”.

La clave no es la idea en sí, sino el hecho de que deja de percibirse como idea.

Eso mismo ocurre con la noción dominante de propiedad. No funciona como una norma impuesta desde fuera, ni como una teoría que alguien acepta o rechaza conscientemente. Funciona como una evidencia. Las cosas son de alguien. El tiempo es de alguien. El espacio es de alguien. Incluso la vida parece pertenecer a quien puede pagarla. No se discute, no se decide, no se elige: simplemente se asume.

La libertad se construye, no se conquista
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La libertad se construye, no se conquista

La idea de que la libertad es algo que se conquista encierra un error ontológico profundo, con enormes consecuencias en lo político. Conquistar implica siempre la existencia previa de un objeto: algo dado, externo, que espera ser arrebatado o recuperado. Bajo esa lógica, la libertad aparece como una sustancia latente, natural, anterior a la historia y a la organización social. Pero la libertad no existe de ese modo. No está ahí fuera esperando ser tomada. La libertad se produce.

La neutralidad no es una virtud, es un escondite
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La neutralidad no es una virtud, es un escondite

La neutralidad no es una virtud. Es el escondite de una razón que, incapaz de soportar la tensión del conflicto, prefiere contemplar el mundo desde lejos. Se disfraza de prudencia, de equilibrio, de sensatez, pero lo que realmente encubre es una renuncia: la de comprender la realidad en su justa medida, con toda la violencia, desigualdad y contradicción que la constituyen.

Polarización: el nuevo eufemismo del poder
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Polarización: el nuevo eufemismo del poder

Llamar polarización a lo que sucede es un acto de legitimación. Permite al capitalismo presentarse como el “punto medio” razonable, el espacio de la convivencia frente a los fanatismos. Pero ese centro no es neutro: es el eje de una estructura que necesita de la subordinación constante de los muchos para garantizar el privilegio de los pocos.

Destino Manifiesto, Sionismo e Imperialismo: La Ideología de la Dominación
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Destino Manifiesto, Sionismo e Imperialismo: La Ideología de la Dominación

La historia moderna no puede comprenderse como un simple desarrollo de ideas o misiones espirituales, sino como el despliegue de un modo de producción que busca expandir sus condiciones de existencia. Las narrativas de elección divina o de destino histórico no son causas de la expansión imperial, sino formas ideológicas que expresan y legitiman intereses materiales: la necesidad del capital de conquistar nuevos territorios, mercados y fuentes de trabajo y recursos.

El llamado “Destino Manifiesto” estadounidense y el sionismo político no son excepciones culturales o religiosas, sino expresiones históricas de un mismo proceso: la mundialización del capital bajo ropajes morales y teológicos. La teología se convierte en superestructura legitimadora de la acumulación, y la expansión territorial en condición de reproducción del sistema capitalista.

Propiedad. Doctrina Social de la Iglesia y Marxismo. Puntos en común.
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Propiedad. Doctrina Social de la Iglesia y Marxismo. Puntos en común.

Pocas palabras han sido tan secuestradas por el poder como propiedad. En su nombre se han construido imperios, se han cometido guerras y se han justificado desigualdades. Pero ni siquiera las tradiciones más conservadoras de la historia del pensamiento cristiano llegaron jamás a aceptar que la propiedad fuese un derecho absoluto, intocable, divino.

Historia vs. Memoria
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Historia vs. Memoria

La diferencia entre historia y memoria no es un debate académico, sino un campo de batalla político. La historia oficial es el discurso con que los vencedores legitiman su poder; la memoria, en cambio, resiste en nombre de los vencidos.

Reinterpretando a Adam Smith: propiedad, economía, libertad y bien común
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Reinterpretando a Adam Smith: propiedad, economía, libertad y bien común

A medida que observamos cómo ha cambiado el papel de la propiedad privada hasta nuestros días, podemos reinterpretar su obra como parte de un proceso evolutivo, en el que la economía debería servir, ante todo, al desarrollo material, intelectual y ético de las personas. No tenemos motivos para pensar que un individuo capaz de ofrecer un discurso progresista para su época, especialmente en cuestiones relacionadas con la propiedad y la libertad, no haría lo mismo en nuestro tiempo.

Tolerancia Cero con la Intolerancia: la libertad no es neutral
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Tolerancia Cero con la Intolerancia: la libertad no es neutral

Estamos convocados a dar la batalla de las ideas y, al mismo tiempo, la batalla política para transformar las reglas del juego. Defender la libertad significa impugnar, legislar y perseguir a quienes la convierten en arma contra la igualdad.

La libertad no se defiende sola. Se organiza, se protege y se legisla. Y si no lo hacemos ya, corremos el peligro de que se repita lo peor de nuestra historia.

Censura, hegemonía y libertad de expresión
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Censura, hegemonía y libertad de expresión

El capitalismo contemporáneo no solo impide pensar a las personas que nunca llegan a tener acceso a determinada información o reflexión crítica. Incluso cuando alguien logra traspasar ese umbral y formular una idea verdaderamente disonante con la lógica dominante, se enfrenta a una nueva barrera: la imposibilidad práctica de transformar ese pensamiento en realidad.

Contra la versión liberal de la Historia
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Contra la versión liberal de la Historia

La historia liberal, al centrarse en el individuo, borra la base material de los hechos. Nos hace creer que los cambios son fruto del deseo o el genio personal. Pero en realidad, las condiciones hacen al individuo, no al revés. Y cuando esas condiciones maduran, el cambio se vuelve no solo posible, sino, a veces, inevitable.