No es solo que las condiciones materiales impidan hoy llevar a cabo proyectos de vida adultos. Es que, paralelamente, el propio sistema ha ido desplazando los límites de lo que se considera ser joven. Administrativamente, políticamente y culturalmente, la juventud se extiende cada vez más hacia edades que históricamente ya eran plenamente adultas. No es un desajuste semántico: es una operación estructural.
¿Quién piensa en la especie?
Vivimos encerrados en el estrecho marco de la vida individual, como si la realidad se agotara entre el nacimiento y la muerte de un cuerpo. Esta ilusión —profundamente arraigada— nos condena a pensar en términos de coyuntura, de interés inmediato, de supervivencia fragmentaria. No se trata aquí de describir cómo funciona hoy la humanidad, sino de interrogar la forma que debería asumir si se pensara a sí misma como especie. Porque la humanidad no es una mera agregación de individuos sucesivos: es un proceso vivo, una unidad en devenir, un sujeto histórico que se construye a sí mismo a través del tiempo.
El productivismo limita la evolución humana
La especie humana alcanzó su ventaja evolutiva no por la especialización, sino por su plasticidad: una capacidad excepcional para adaptarse a contextos cambiantes, reconfigurar prácticas y redefinir fines. Esta plasticidad no debe entenderse como una esencia abstracta, sino como una capacidad históricamente mediada por formas concretas de cooperación, producción y organización social.
Sin embargo, en el estadio histórico actual, esa ventaja se ha invertido. Nos hemos convertido en una especie altamente especializada, no en una función biológica concreta, sino en una lógica abstracta e ideológica: el productivismo. Se trata de una abstracción materialmente real, encarnada en instituciones, relaciones de producción y criterios sociales de valor que convierten la productividad en un fin absoluto.
Esta especialización no solo organiza el trabajo, sino que coloniza la subjetividad, el tiempo, el valor social y la idea misma de sentido. El resultado es un estancamiento evolutivo comparable al de cualquier especie hiperadaptada a un nicho que deja de existir, no en un sentido biológico, sino histórico-social: una rigidez en las formas de organización que limita la capacidad de transformación colectiva.
Yo no soy un idealista, tú (quizá) sí
Cuando se me acusa de idealista mientras sostengo una posición materialista, no estamos ante una discrepancia teórica ni ante un malentendido conceptual. Estamos ante una inversión ideológica naturalizada: llamar idealista a quien señala los límites materiales de la realidad, para proteger a quien cree que esos límites no existen.
Origen de Christopher Nolan y el concepto de Propiedad Privada: La idea que no parece una idea
En la película Origen no se cambia la realidad convenciendo a nadie de nada. No hay discursos, ni razonamientos, ni iluminación súbita. Lo que se hace es mucho más profundo y, por eso mismo, más eficaz: se introduce una idea mínima en el lugar exacto donde se organizan las decisiones, de modo que el sujeto la viva como propia. No como algo aprendido, sino como algo obvio. Como algo que “siempre estuvo ahí”.
La clave no es la idea en sí, sino el hecho de que deja de percibirse como idea.
Eso mismo ocurre con la noción dominante de propiedad. No funciona como una norma impuesta desde fuera, ni como una teoría que alguien acepta o rechaza conscientemente. Funciona como una evidencia. Las cosas son de alguien. El tiempo es de alguien. El espacio es de alguien. Incluso la vida parece pertenecer a quien puede pagarla. No se discute, no se decide, no se elige: simplemente se asume.
La libertad se construye, no se conquista
La idea de que la libertad es algo que se conquista encierra un error ontológico profundo, con enormes consecuencias en lo político. Conquistar implica siempre la existencia previa de un objeto: algo dado, externo, que espera ser arrebatado o recuperado. Bajo esa lógica, la libertad aparece como una sustancia latente, natural, anterior a la historia y a la organización social. Pero la libertad no existe de ese modo. No está ahí fuera esperando ser tomada. La libertad se produce.
El retraso en el encuentro con la realidad como causa de la derechización de los jóvenes varones. Una hipótesis contraintuitiva
La sociedad capitalista define la identidad humana a través del trabajo. Es en el momento en que una persona se enfrenta a su condición de fuerza de trabajo cuando se desvela la contradicción fundamental entre capital y trabajo.
Sin embargo, el retraso en la incorporación de los y las jóvenes al mercado laboral —resultado de la precarización estructural, la prolongación de los estudios y la dependencia económica familiar— retrasa también ese momento de confrontación con la realidad objetiva.
Durante ese período, muchos jóvenes varones permanecen instalados en una posición ilusoria de neutralidad, donde las ideologías de derecha ofrecen una narrativa de orden, mérito y seguridad. Es decir, una ficción de control sobre un mundo que todavía no los ha golpeado. Salvo que los jóvenes varones posean una conciencia de clase extraída del ámbito familiar, habitan un periodo prolongado de moratoria en espacios educativos y de consumo donde la ideología del mérito y la movilidad permanece verosímil por más tiempo.
La propaganda anticomunista ayer y hoy. Arquitectura de una guerra cultural
Su objetivo es claro: erosionar sistemáticamente la legitimidad material, moral y simbólica del comunismo como horizonte histórico viable.
La tarea emancipatoria del presente, por tanto, requiere no solo de organización y lucha material, sino de una batalla cultural y epistemológica igualmente consciente y estratégica: desmontar los mitos heredados, recuperar la historia silenciada y, sobre todo, reabrir la posibilidad de futuros alternativos. Se trata de demostrar que la hegemonía occidental no es el fin de la historia, sino solo un capítulo—y que otros capítulos, más libres y justos, aún pueden ser escritos colectivamente.
La competencia electoral es el mayor problema de la democracia
La democracia liberal se fundamenta en la competencia electoral como garante de pluralidad y libertad. Sin embargo, esta arquitectura produce el efecto contrario: fragmenta lo común, convierte las necesidades sociales en munición partidista y reduce a la ciudadanía al papel de espectadora periódica. El verdadero poder —económico, estructural— queda fuera de su alcance, ya que la lucha partidista se circunscribe a la gestión coyuntural dentro de límites que no puede traspasar. Lejos de ser un contrapoder, la competencia electoral actúa como una pantalla que oculta los fundamentos materiales del sistema.
El absurdo de atacar la fe
En distintos espacios transformadores —ya sean anarquistas, comunistas o socialistas— aparece con frecuencia una actitud beligerante hacia la fe y las prácticas religiosas de sectores populares. Se confunde la crítica histórica a la religión como forma ideológica con el ataque directo a la vivencia espiritual de personas concretas. Y ese error, además de ser teóricamente improductivo, es tácticamente dañino y estratégicamente contraproducente.
Manifiesto para la Supervivencia (1972). Una crítica desde el materialismo
El Manifiesto para la Supervivencia (1972) es un texto que anticipa, con notable lucidez, la gravedad de la crisis ecológica. Reconoce que la expansión industrial y el metabolismo extractivo de la sociedad moderna amenazan las bases mismas de la vida. En ese sentido, aporta un marco descriptivo relevante: señala los límites biofísicos del planeta, critica el crecimiento indefinido y propone adaptar la producción a las capacidades reales de cada territorio, incluso replanteando la escala de la actividad social.
Lo que sigue es una crítica sistemática que recoge tres grandes núcleos problemáticos del libro —económico, sociológico y político— y los entrelaza con una visión materialista que restituye lo que el texto omite o invierte.
La URSS y el reconocimiento histórico de la nación romaní
Frente a la tradición de marginación estructural que ha sufrido el pueblo romaní, la Unión Soviética representó un punto de inflexión único. Por primera y única vez, un Estado no solo reconoció a los romaníes como un colectivo cultural legítimo, sino como una nación, con derecho a su propio desarrollo dentro de un proyecto político común. La URSS no trató al pueblo romaní como una anomalía, sino como parte del mosaico multinacional que el marxismo-leninismo identificaba como base material del Estado soviético.
Korenizatsia: la política soviética que reinventó la cuestión nacional
La historia del siglo XX está marcada por proyectos nacionales que, en su mayoría, replicaron la lógica del Estado-nación burgués: homogenización cultural, imposición lingüística y jerarquías étnicas bajo la retórica de la ciudadanía universal. Frente a ese modelo, la Unión Soviética desarrolló un marco radicalmente diferente para gestionar la diversidad: la korenizatsia, un conjunto de políticas que buscaban empoderar a los pueblos no rusos dentro del proyecto socialista.
Más que una política administrativa, la korenizatsia fue un experimento histórico sin precedentes: el intento de construir un Estado multinacional basado no en la dominación cultural, sino en la promoción activa de las identidades oprimidas.
La URSS bajo asedio: las presiones externas que moldearon su desarrollo
La Unión Soviética no se desarrolló en un vacío histórico. Surgió, creció y se transformó en medio de un entorno profundamente hostil, en el que las potencias capitalistas entendieron desde el inicio que el primer Estado obrero representaba una ruptura intolerable del orden mundial. Su trayectoria no puede comprenderse sin analizar las presiones —militares, económicas, ideológicas y sistemáticas— que condicionaron sus decisiones, ritmos y prioridades.
Más que un simple telón de fondo, estas presiones fueron determinantes materiales que empujaron a la URSS hacia un modelo defensivo, centralizado y obligado a la movilización continua.
La neutralidad no es una virtud, es un escondite
La neutralidad no es una virtud. Es el escondite de una razón que, incapaz de soportar la tensión del conflicto, prefiere contemplar el mundo desde lejos. Se disfraza de prudencia, de equilibrio, de sensatez, pero lo que realmente encubre es una renuncia: la de comprender la realidad en su justa medida, con toda la violencia, desigualdad y contradicción que la constituyen.
Polarización: el nuevo eufemismo del poder
Llamar polarización a lo que sucede es un acto de legitimación. Permite al capitalismo presentarse como el “punto medio” razonable, el espacio de la convivencia frente a los fanatismos. Pero ese centro no es neutro: es el eje de una estructura que necesita de la subordinación constante de los muchos para garantizar el privilegio de los pocos.
Un acercamiento a los Consejos Comunales, las Comunas y el Estado Comunal en el Proceso Bolivariano
El proceso político iniciado en Venezuela a finales del siglo XX planteó que la democracia debía dejar de ser un ejercicio limitado a la representación electoral y convertirse en un sistema donde la participación popular (democracia participativa y protagónica) estructurara de forma directa la toma de decisiones. Esta transformación parte del principio de que la comunidad organizada no solo puede diagnosticar sus necesidades, sino también gestionarlas y resolverlas en colectivo. Es en este marco donde emergen los Consejos Comunales como célula básica del ejercicio de autogobierno.
Destino Manifiesto, Sionismo e Imperialismo: La Ideología de la Dominación
La historia moderna no puede comprenderse como un simple desarrollo de ideas o misiones espirituales, sino como el despliegue de un modo de producción que busca expandir sus condiciones de existencia. Las narrativas de elección divina o de destino histórico no son causas de la expansión imperial, sino formas ideológicas que expresan y legitiman intereses materiales: la necesidad del capital de conquistar nuevos territorios, mercados y fuentes de trabajo y recursos.
El llamado “Destino Manifiesto” estadounidense y el sionismo político no son excepciones culturales o religiosas, sino expresiones históricas de un mismo proceso: la mundialización del capital bajo ropajes morales y teológicos. La teología se convierte en superestructura legitimadora de la acumulación, y la expansión territorial en condición de reproducción del sistema capitalista.
Propiedad. Doctrina Social de la Iglesia y Marxismo. Puntos en común.
Pocas palabras han sido tan secuestradas por el poder como propiedad. En su nombre se han construido imperios, se han cometido guerras y se han justificado desigualdades. Pero ni siquiera las tradiciones más conservadoras de la historia del pensamiento cristiano llegaron jamás a aceptar que la propiedad fuese un derecho absoluto, intocable, divino.
Enola Holmes. Lucha de clases y feminismo para niñas y niños. Manual para madres y padres.
Las películas de Enola Holmes parecen simples aventuras detectivescas ambientadas en la Inglaterra victoriana. Pero si se miran con atención, son una ventana perfecta para hablar con los niños de temas profundos: las desigualdades entre ricos y pobres, las causas de esa desigualdad, la opresión de las mujeres y el papel del Estado en mantener ese orden.
