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Sin soberanía colectiva (de clase y estructural) no es posible la soberanía individual

La soberanía individual no es el inicio, sino el resultado

La soberanía individual suele presentarse como algo natural. Se nos enseña que cada persona es dueña de sí misma, que sus decisiones le pertenecen y que su vida depende fundamentalmente de su voluntad.

Sin embargo, esta idea invierte el orden real de las cosas.

Nadie decide el mundo en el que nace. Nadie decide el sistema económico que determina sus posibilidades, el idioma que estructura su pensamiento, ni las condiciones materiales que hacen posible su existencia.

El individuo no aparece primero y luego construye la sociedad. Aparece dentro de una sociedad que ya existe.

Por tanto, su capacidad de decidir sobre sí mismo depende necesariamente de la capacidad de esa sociedad de decidir sobre sí misma.

La soberanía individual no es el punto de partida. Es el resultado de un proceso colectivo.

La mitología liberal: cuando se presenta el resultado como si fuera el origen

El liberalismo afirma que el individuo es soberano por naturaleza, y que la sociedad es simplemente el espacio donde ejerce esa soberanía.

Pero esta idea oculta una realidad fundamental: el individuo solo puede decidir dentro de los límites que el sistema le permite.

Puede elegir entre opciones disponibles, pero no decide qué opciones existen.

Puede decidir dentro del marco, pero no decide el marco.

Esto significa que su soberanía es parcial. Está condicionada por estructuras que él no controla.

La idea del individuo completamente soberano, aislado de las condiciones sociales, es una mitología. Sirve para ocultar que los límites que experimenta no son naturales, sino políticos, económicos e históricos.

La conciencia individual se forma dentro de una estructura colectiva

La forma en que una persona se entiende a sí misma no surge de forma aislada. Se construye a partir de las condiciones en las que vive.

Estas condiciones incluyen:

  • el sistema educativo
  • el sistema económico
  • los medios de comunicación
  • la cultura dominante
  • las posibilidades materiales reales

Estas estructuras definen qué es realista, qué es posible y qué es imaginable.

El individuo no construye estas condiciones. Es construido dentro de ellas.

Por tanto, su soberanía depende de la soberanía de la estructura que lo forma.


La mediación invisible: cuando el poder define lo que parece posible

El poder no actúa siempre mediante la imposición directa. Su forma más eficaz es definir los límites de lo posible.

Esto ocurre cuando una sociedad no controla plenamente elementos fundamentales como:

  • su política monetaria
  • su política industrial
  • su política energética
  • su sistema de información

En estos casos, las decisiones estratégicas quedan condicionadas por estructuras externas o por centros de poder que no responden a la voluntad colectiva.

Entonces, los límites dejan de percibirse como decisiones políticas y pasan a percibirse como hechos inevitables.

La población empieza a pensar que ciertas cosas “no son posibles”, no porque sean físicamente imposibles, sino porque el sistema no permite realizarlas.

El poder deja de sentirse como poder. Se presenta como realidad.

Esto limita la capacidad de autodeterminación colectiva. Y, como consecuencia, limita también la capacidad real del individuo.

Dependencia estructural: pérdida de control sobre el propio desarrollo

La pérdida de capacidad de decisión no siempre adopta la forma de una ocupación visible. En el mundo moderno, suele aparecer como dependencia económica, financiera o productiva.

Cuando una sociedad no controla:

  • sus recursos estratégicos
  • su modelo productivo
  • su sistema financiero
  • su desarrollo tecnológico

su capacidad de decidir su propio rumbo queda condicionada.

Puede existir independencia formal. Pero las decisiones fundamentales siguen estando limitadas por estructuras externas o por dinámicas que no se controlan colectivamente.

Esto no es una cuestión de identidad ni de mística. Es una cuestión de control material.

El marco territorial como forma histórica, no como valor absoluto

En la modernidad, el espacio donde se organizan la producción, el derecho, la planificación económica y el poder político suele adoptar la forma de Estado-nación.

Pero la nación no es un principio sagrado ni un valor en sí mismo. Es la forma histórica concreta en la que se ha estructurado un determinado ámbito productivo y decisional.

Lo decisivo no es la nación como identidad.
Lo decisivo es que la sociedad controle el espacio material en el que organiza su producción y su reproducción.

Sin esa capacidad de decisión sobre su propio marco estructural, la autodeterminación colectiva es limitada.

La soberanía colectiva exige superar también la concentración interna de poder

Sin embargo, controlar el marco territorial no es suficiente.

Dentro de una misma estructura política pueden existir profundas desigualdades de poder.

Si una minoría controla:

  • los medios de producción
  • la inversión
  • el empleo
  • los grandes medios de comunicación

entonces esa minoría posee una capacidad estructural de condicionar el rumbo de la sociedad.

En ese caso, puede existir control formal del territorio, pero no existe control colectivo real.

La soberanía no desaparece: se concentra.

Y cuando se concentra, deja de ser colectiva.

La soberanía colectiva real

La soberanía colectiva solo es plena cuando las decisiones fundamentales no están determinadas:

  • ni por poderes externos
  • ni por minorías internas con poder económico estructural

Sino por la sociedad en su conjunto.

En ese punto, la autodeterminación deja de ser formal y se convierte en material.

La sociedad pasa a decidir sobre las condiciones que la determinan.

La soberanía individual como resultado final

Solo cuando la sociedad controla sus propias condiciones de existencia puede el individuo hacerlo también.

Porque solo entonces:

  • los límites no están impuestos estructuralmente desde fuera
  • el marco no está condicionado por minorías internas dominantes
  • el individuo existe dentro de una estructura que se autodetermina

La soberanía individual deja de ser una idea abstracta y se convierte en una capacidad efectiva.

No porque el individuo exista aislado, sino porque forma parte de una estructura que no está subordinada.

Conclusión

La soberanía individual no puede existir plenamente sin soberanía colectiva.

La soberanía colectiva no depende de una mística nacional, sino del control social sobre el espacio material donde se organiza la producción y el poder.

Y ese control no es real mientras existan dependencias estructurales externas o concentraciones internas de poder de clase.

La soberanía individual no es el origen.

Es el resultado de una sociedad que ha recuperado el control sobre sí misma.

Proletkult.

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