La Unión Soviética no se desarrolló en un vacío histórico. Surgió, creció y se transformó en medio de un entorno profundamente hostil, en el que las potencias capitalistas entendieron desde el inicio que el primer Estado obrero representaba una ruptura intolerable del orden mundial. Su trayectoria no puede comprenderse sin analizar las presiones —militares, económicas, ideológicas y sistemáticas— que condicionaron sus decisiones, ritmos y prioridades.
Más que un simple telón de fondo, estas presiones fueron determinantes materiales que empujaron a la URSS hacia un modelo defensivo, centralizado y obligado a la movilización continua.

1. La intervención extranjera en la Guerra Civil: el primer intento de estrangulamiento
Tras la Revolución de Octubre, las potencias occidentales no se limitaron a observar. Organizaron, financiaron y armaron a los ejércitos blancos con el objetivo explícito de derrocar al poder soviético y restaurar el viejo orden.
Participaron fuerzas británicas, francesas, estadounidenses, japonesas, canadienses, checos, polacos y otras. El territorio soviético fue fragmentado y se vivió una guerra total cuando el nuevo Estado apenas comenzaba a existir.
Las consecuencias fueron estructurales:
- se retrasó la reconstrucción económica posrevolucionaria;
- se destruyó infraestructura crítica;
- se obligó al joven Estado soviético a militarizar la economía;
- se consolidó una cultura política marcada por la defensa frente a la contrarrevolución externa e interna.
La URSS nació bajo fuego, y este origen condicionó su ADN institucional.
2. El ascenso del fascismo y la Segunda Guerra Mundial: la batalla existencial
En los años 30 y 40, mientras la URSS intentaba industrializarse para sobrevivir, el fascismo europeo se consolidaba como un proyecto explícitamente anticomunista.
La Segunda Guerra Mundial fue, para la URSS, una guerra de exterminio, no una contienda más. El objetivo del nazismo no era una victoria geo-estratégica, sino la eliminación física y cultural del pueblo soviético.
La guerra costó:
- 27 millones de vidas soviéticas,
- ciudades arrasadas,
- campos agrícolas quemados,
- un tercio del país destruido.
Pese a ello, la URSS detuvo a la Wehrmacht, liberó Europa del fascismo y salió vencedora. Pero la victoria tuvo un coste inmenso: la necesidad de reconstruir un país devastado desde cero mientras el bloque capitalista rearmaba su hostilidad.
3. El inicio de la Guerra Fría: el cerco como estrategia permanente
La URSS salió de la guerra como potencia militar, pero completamente devastada. Estados Unidos, en cambio, había salido fortalecido económicamente, con capacidad de producción intacta y un programa nuclear operativo.
Desde 1947, Estados Unidos asumió oficialmente que su objetivo estratégico debía ser contener, aislar y presionar a la URSS. Esto cristalizó en:
- el Plan Marshall como forma de excluir a la URSS de la reconstrucción de Europa;
- la creación de la OTAN como alianza militar explícitamente anticomunista;
- el avance de bases militares estadounidenses alrededor de todo el territorio soviético;
- el rearmamento masivo del bloque occidental.
La URSS no se enfrentaba solo a un rival: se enfrentaba a un bloque global bajo liderazgo estadounidense, dotado de inmensos recursos económicos y tecnológicos.
4. El factor nuclear y la militarización forzada
La bomba atómica cambió el tablero histórico. En ese nuevo escenario, la URSS no tenía la opción de desmilitarizarse: si no alcanzaba paridad estratégica, desaparecía.
Estados Unidos consideró abiertamente —documentos desclasificados lo confirman— la posibilidad de atacar preventivamente a la URSS mientras esta no dispusiera de armamento nuclear propio.
Por eso la URSS aceleró:
- su programa nuclear,
- su sistema de defensa antiaérea,
- su industria pesada,
- su centralización burocrática,
- su apuesta por la autarquía tecnológica.
No fue una elección libre, sino una respuesta a un entorno donde una vulnerabilidad significativa equivalía al colapso.
5. La presión económica y el sabotaje tecnológico
El bloqueo económico al mundo socialista, articulado a través del Comité Coordinador para el Control Multilateral de Exportaciones (CoCom), significó que la URSS:
- no podía acceder a avances tecnológicos occidentales,
- debía reproducirlos por su cuenta,
- debía destinar recursos desproporcionados a mantenerse al día.
Mientras tanto, la economía estadounidense funcionaba dentro de un mercado global que garantizaba acceso a materias primas, comercio abierto y mano de obra internacional. La URSS, por el contrario, tenía que sostener toda su modernización bajo un cerco económico permanente.
6. La presión ideológica: el asedio cultural del capitalismo
La URSS fue también objetivo de una guerra cultural y psicológica a gran escala:
- propaganda radiofónica,
- campañas anticomunistas,
- financiación de grupos disidentes,
- construcción de un imaginario global donde el socialismo era asociado a atraso o tiranía.
Esta agresión simbólica tuvo efectos internos, especialmente cuando el nivel de vida europeo occidental mejoró bajo el paraguas del Estado del bienestar, construido para frenar la influencia soviética.
Un proyecto forzado a existir defensivamente
La URSS se vio obligada a desarrollar un modelo político, económico y militar en condiciones extremas, bajo un asedio continuo que iba mucho más allá de la competencia geoestratégica. El socialismo soviético se configuró no solo por sus tensiones internas, sino por la presión sistémica del capitalismo global, que buscó aislarlo, sabotearlo y derrotarlo desde su nacimiento.
Entender su evolución sin estos factores es caer en una lectura idealista e imposible: ningún Estado puede desarrollarse con normalidad cuando enfrenta de forma simultánea:
- intervención militar extranjera,
- amenaza de exterminio fascista,
- cerco nuclear,
- bloqueo económico,
- presión política global,
- hostilidad ideológica permanente.
La URSS fue, durante toda su existencia, un experimento histórico sometido a una guerra fría —y caliente— constante. Y, aun así, logró sostener un proyecto que transformó el siglo XX, que derrotó al fascismo y que dio dignidad y reconocimiento a pueblos enteros que la modernidad capitalista había dejado fuera de la historia.
