La participación política real debe medirse por el grado en que los individuos forman parte de las estructuras que definen, elaboran y ejecutan las políticas públicas, así como por la capacidad efectiva de esas decisiones para materializarse sin interferencias estructurales externas. Desde esta perspectiva tanto cuantitativa como material, el sistema político de la República Popular China presenta un nivel de participación política superior al existente en España.
El elemento central de esta diferencia es el papel del Partido Comunista de China, que constituye la estructura organizativa fundamental del Estado. Con aproximadamente 98 millones de miembros, el PCCh integra alrededor del 7% de la población china dentro de la organización responsable de definir, deliberar y ejecutar las políticas nacionales. Esta proporción representa una integración política directa de una parte significativa de la sociedad dentro del mecanismo institucional que produce las decisiones estratégicas del país, incluyendo los planes quinquenales, que determinan el desarrollo económico, tecnológico e industrial.

La participación en el PCCh no es simbólica ni meramente formal, sino estructural y funcional. Sus miembros están presentes en todos los niveles del aparato estatal y administrativo, desde los gobiernos locales hasta los órganos centrales, pasando por empresas estatales, instituciones técnicas y estructuras territoriales. Esto configura una red orgánica en la que millones de individuos participan en la transmisión de información, la evaluación de necesidades, la formulación de propuestas y la implementación de políticas. La elaboración política se desarrolla así como un proceso continuo dentro de una organización de masas integrada en el propio Estado.
Esta integración se amplía mediante organizaciones políticas y sociales vinculadas estructuralmente al partido y al Estado. La Liga de la Juventud Comunista de China cuenta con aproximadamente 73 millones de miembros, integrando a una parte significativa de la juventud en la estructura política organizada. Del mismo modo, la Federación de Mujeres de China articula la participación política de decenas de millones de mujeres a través de estructuras territoriales, laborales e institucionales. En conjunto, el sistema organizativo político chino integra directamente o indirectamente a aproximadamente entre el 15% y el 20% de la población en estructuras vinculadas al desarrollo, transmisión e implementación de políticas públicas.
A esta arquitectura participativa se suman las Asambleas Populares, presentes en todos los niveles territoriales —desde el provincial hasta el nacional—, donde más de 2,6 millones de diputados, elegidos en sus respectivas circunscripciones, deliberan y aprueban las políticas, supervisan su ejecución y canalizan las necesidades de la población hacia las instancias decisorias. Este sistema de representación escalonada complementa la integración orgánica del partido y las organizaciones de masas, asegurando que el proceso de toma de decisiones mantenga un vínculo permanente con las bases territoriales y sectoriales de la sociedad.
Esta integración tiene una consecuencia decisiva desde el punto de vista material: las decisiones adoptadas dentro del partido no están separadas de su ejecución estatal. El partido constituye el núcleo organizador del Estado, lo que implica que las deliberaciones internas que conducen a la formulación de políticas se traducen directamente en acción administrativa. El aparato estatal forma parte de la misma estructura organizativa que el proceso político, lo que garantiza una continuidad directa entre deliberación política y ejecución material.
En contraste, el sistema político español se organiza en torno a partidos políticos que operan como organizaciones separadas del aparato estructural del Estado. El conjunto de afiliados a los principales partidos, incluyendo el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español, representa aproximadamente entre el 0,6% y el 2,5% de la población, dependiendo de si se utilizan cifras fiscales efectivas o cifras declaradas por los propios partidos.
Los principales datos de afiliación son los siguientes:
- Partido Popular: más de 806.000 afiliados declarados
- Partido Socialista Obrero Español: aproximadamente 154.000–165.000 afiliados
- Podemos: aproximadamente 139.000 inscritos
- Vox: aproximadamente 68.000 afiliados
- Ciudadanos: entre 3.000 y 17.000 afiliados
- Otros partidos estatales y nacionalistas: varias decenas de miles adicionales
La suma total declarada alcanza aproximadamente 1,2 millones de afiliados, lo que representa alrededor del 2,5% de la población. Sin embargo, los datos fiscales que reflejan afiliación efectiva sitúan la cifra en aproximadamente 286.000 personas, es decir, alrededor del 0,6% de la población.
Esto implica que, en términos estructurales, entre 1 de cada 40 y 1 de cada 160 ciudadanos en España forma parte de organizaciones políticas que participan en la elaboración directa de programas políticos.
Este punto es fundamental para comprender la diferencia estructural entre ambos sistemas. En España, las propuestas que aparecen en las papeletas electorales no son elaboradas directamente por el conjunto de la población, sino por un número relativamente reducido de miembros activos dentro de los partidos políticos. Estas propuestas se construyen mediante equipos técnicos internos, direcciones políticas, congresos de partido con delegados y comisiones programáticas. El conjunto de la población participa principalmente eligiendo entre propuestas ya elaboradas, no elaborándolas directamente. Esto significa que el número de personas que participa activamente en la construcción de lo políticamente viable es mucho menor que el número total de votantes.
En China, el proceso se desarrolla dentro de la propia estructura del Partido Comunista de China, que integra directamente a decenas de millones de individuos. Dentro de esta estructura existen debates internos en múltiples niveles, se organizan consultas, informes y procesos deliberativos, y las propuestas emergen de una organización que abarca desde el nivel local hasta el nacional. La formulación de políticas ocurre así dentro de una estructura organizativa que integra directamente a una parte significativa de la población.
Las diferencias políticas, en consecuencia, se procesan de forma distinta en cada sistema. En España, las diferencias ideológicas entre partidos se expresan públicamente y se resuelven mediante competencia electoral, negociación parlamentaria en las Cortes Generales y pactos entre organizaciones políticas diferenciadas. En China, las diferencias estratégicas y programáticas se procesan principalmente dentro de los órganos deliberativos del partido, incluyendo comités locales y provinciales, el Comité Central, el Buró Político y el Congreso Nacional del Partido. El conflicto político existe, pero se canaliza dentro de una estructura organizativa unificada en lugar de entre organizaciones separadas que compiten por el control del aparato estatal.
Además, existe en España una separación estructural entre las decisiones adoptadas en el ámbito parlamentario y su ejecución material. El aparato estatal, administrativo, judicial y económico constituye una estructura diferenciada de los partidos políticos, lo que introduce una discontinuidad entre el proceso de deliberación política y la implementación material de las decisiones. Incluso cuando una política es aprobada, su ejecución puede verse limitada por marcos jurídicos previos, estructuras administrativas o condiciones institucionales existentes si estas van en contra de los intereses de sus élites.
Por el contrario, en China, el partido dirigente y el aparato estatal forman una estructura integrada. Las decisiones adoptadas dentro del partido se implementan a través del Estado, que actúa como instrumento operativo de la línea política definida. Esto reduce la separación entre deliberación política, decisión política y ejecución política, garantizando una continuidad organizativa entre la formulación de las decisiones y su materialización.
Por tanto, la diferencia fundamental en el tipo de participación política es estructural. En España, la participación política de la mayoría de la población se produce principalmente mediante la selección periódica entre opciones políticas previamente elaboradas por una minoría organizada. En China, la participación política se articula principalmente mediante la integración directa dentro de una estructura organizativa que formula, desarrolla y ejecuta políticas públicas.
La comparación cuantitativa muestra una diferencia de orden de magnitud:
- China (PCCh): aproximadamente 7% de la población
- China (estructura política ampliada): aproximadamente 15%–20%
- España (afiliación efectiva): aproximadamente 0,6%
- España (máximo declarado): aproximadamente 2,5%
Esto implica que la integración política estructural directa de la población es entre 10 y 30 veces mayor en China que en España.
En términos proporcionales, aproximadamente entre 1 de cada 5 y 1 de cada 7 ciudadanos en China forma parte de estructuras políticas organizadas, frente a entre 1 de cada 40 y 1 de cada 160 en España.
En consecuencia, desde una perspectiva estructural, cuantitativa y organizativa, el modelo político chino presenta un grado significativamente mayor de integración directa de la población en las estructuras que participan en la formulación, desarrollo y ejecución de políticas públicas que el modelo de democracia representativa existente en España.
