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La clase como arquitecta invisible de la biología humana

La oposición entre genética y clase social es una falsa disyuntiva. No porque una sustituya a la otra, sino porque ambas forman parte de un mismo proceso material. La biología humana no se despliega en el vacío; se desarrolla en condiciones históricas determinadas. Y esas condiciones, en las sociedades divididas en clases, están estructuradas por la desigualdad.

La reproducción humana no es un fenómeno puramente biológico. Está organizada socialmente. Los individuos no se vinculan desde una neutralidad abstracta, sino desde posiciones concretas en la estructura de clases. La distribución desigual de riqueza, espacio, educación y seguridad delimita el campo real de relaciones posibles. Así, la estructura social no crea los genes, pero sí organiza las condiciones bajo las cuales se transmiten y recombinan.

A lo largo de generaciones, esta organización desigual actúa como un filtro histórico. No porque existan grupos humanos biológicamente superiores, sino porque el acceso desigual a la nutrición, la salud y el entorno de desarrollo produce efectos acumulativos en las capacidades medias de distintos sectores de la población. No determina mecánicamente el resultado biológico individual, pero sí condiciona el espacio de lo posible. De este modo, la sociedad de clases no solo distribuye recursos: distribuye también las condiciones materiales de reproducción y desarrollo corporal.

Pero la influencia no termina en la herencia. La genética no es un programa cerrado. Es un conjunto de potencialidades cuya realización depende de las condiciones materiales de existencia. Nutrición, estabilidad, acceso a cuidados médicos, ausencia de violencia estructural, tiempo libre para el desarrollo intelectual: todo ello interviene en cómo se despliega el organismo humano.

En una sociedad de clases, estas condiciones se distribuyen de manera radicalmente desigual. El resultado no es simplemente desigualdad económica, sino desigualdad en las posibilidades efectivas de desarrollo biológico y cognitivo. No porque existan naturalezas humanas jerárquicamente distintas, sino porque las condiciones materiales impiden que potencialidades comunes se realicen plenamente.

Aquí reside el punto decisivo.

Reconocer que la estructura social influye indirectamente en la configuración biológica de la población no significa naturalizar la desigualdad. Al contrario: significa revelar hasta qué punto la desigualdad es históricamente producida y, por tanto, históricamente transformable.

La sociedad de clases actúa como un sistema de restricciones acumulativas sobre el desarrollo humano. Limita la circulación social, restringe las condiciones de vida y estrecha el campo de realización de capacidades que, en principio, pertenecen a la especie en su conjunto.

Por ello, la superación de la estructura de clases no es solo una cuestión moral o jurídica. Es una transformación de las condiciones materiales de reproducción de la vida humana. Al eliminar las barreras que hoy constriñen el desarrollo corporal, cognitivo y afectivo, se ampliaría el campo real de posibilidades de la especie.

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No se trata de “mejorar la genética”, como si la historia pudiera diseñar la biología. Se trata de liberar las potencialidades existentes de las trabas que les impone una organización social basada en la desigualdad. La emancipación social es también emancipación de las condiciones que hoy empobrecen el desarrollo humano.

El individuo no es una esencia natural aislada. Es el punto de cruce de procesos históricos y biológicos que lo preceden. Y si esos procesos están estructurados por la desigualdad, su transformación altera también el horizonte de lo posible para la vida humana.

La biología no está fuera de la historia. Pero precisamente por eso, la historia puede ampliar —o restringir— el campo en el que la biología se realiza.

Y una sociedad que suprima las divisiones de clase no crearía una nueva naturaleza humana: permitiría, por primera vez, que la naturaleza humana existente se despliegue sin las limitaciones artificiales impuestas por la desigualdad estructural.

Proletkult.

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