La acusación de que la igualdad de condiciones elimina la diferencia contradice no solo la historia, sino también principios fundamentales observables en la biología y en la teoría de sistemas complejos.
En biología, la diferenciación funcional emerge precisamente cuando existe una base material común garantizada. Un organismo vivo está compuesto por células que comparten el mismo código genético, pero que se diferencian en funciones específicas —neuronas, células musculares, células epiteliales— no porque compitan entre sí por sobrevivir, sino porque el sistema garantiza las condiciones generales que permiten su especialización. La célula no necesita luchar contra las demás para existir; su seguridad estructural es lo que permite su diferenciación funcional.

Si las células tuvieran que competir permanentemente por recursos básicos dentro del mismo organismo, el resultado no sería una mayor diversidad funcional, sino el colapso del sistema. De hecho, el fenómeno biológico más cercano a la competencia absoluta entre células es el cáncer: células que, al actuar según su propia lógica individual de supervivencia y expansión, destruyen el equilibrio del conjunto y, finalmente, las condiciones que hacen posible su propia existencia.
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Este principio es generalizable a todos los sistemas complejos. La teoría de sistemas muestra que los sistemas más avanzados no son aquellos donde los elementos compiten por su existencia básica, sino aquellos donde esta existencia está garantizada, permitiendo que los elementos se especialicen y desarrollen funciones más complejas. La estabilidad estructural es el requisito previo de la complejidad funcional.
Aplicado a la sociedad, esto implica que la igualdad de condiciones materiales no elimina la diferencia, sino que la hace posible. Cuando los individuos no tienen que dedicar la mayor parte de su energía a garantizar su supervivencia inmediata, pueden desarrollar capacidades específicas, explorar nuevos campos, crear, investigar y transformarse. La seguridad material no produce uniformidad; produce el espacio necesario para la diversificación real.
Por el contrario, cuando la supervivencia depende de la competencia constante, los individuos tienden a converger hacia los comportamientos más seguros y adaptativos dentro del sistema existente. Este fenómeno es bien conocido en biología evolutiva: la presión ambiental no produce necesariamente diversidad, sino optimización dentro de un conjunto limitado de estrategias viables. La competencia intensa tiende a reducir el espacio de posibilidades, no a expandirlo.
Esto revela una inversión fundamental en la crítica al socialismo. Lo que se presenta como una defensa de la diferencia —la competencia— es en realidad un mecanismo de convergencia funcional, mientras que lo que se presenta como igualitarismo —la garantía de condiciones materiales— es el requisito estructural para la emergencia de la diferencia real.
La igualdad de condiciones no es el límite de la diversidad humana, sino su condición de posibilidad.
