Publicado en

El retraso en el encuentro con la realidad como causa de la derechización de los jóvenes varones. Una hipótesis contraintuitiva

1. Introducción: un síntoma generacional

En los últimos años diversos estudios y encuestas sociopolíticas señalan un fenómeno aparentemente paradójico: mientras muchas jóvenes se radicalizan hacia posiciones feministas y progresistas, una parte creciente de los jóvenes varones muestra una tendencia (1) hacia posturas conservadoras e incluso reaccionarias. Este desplazamiento ideológico no puede entenderse como una simple «moda cultural» ni como un efecto espontáneo de las redes sociales. Es, más bien, el reflejo de una asimetría material y temporal en la relación con el trabajo y con la realidad social.

(1) Nota sobre la radicalización: Es importante aclarar que toda radicalización hacia la izquierda queda fuera del marco del conocimiento social hegemónico dado que sobrepasa los márgenes electorales. Algo que, en la actualidad, no sucede en la radicalización hacia la derecha que, en este momento histórico concreto, sí encuentra marco electoral en las democracias burguesas.

2. Hipótesis central: el retraso en la experiencia de la contradicción

La sociedad capitalista define la identidad humana a través del trabajo. Es en el momento en que una persona se enfrenta a su condición de fuerza de trabajo cuando se desvela la contradicción fundamental entre capital y trabajo.

Sin embargo, el retraso en la incorporación de los y las jóvenes al mercado laboral —resultado de la precarización estructural, la prolongación de los estudios y la dependencia económica familiar— retrasa también ese momento de confrontación con la realidad objetiva.

Durante ese período, muchos jóvenes varones permanecen instalados en una posición ilusoria de neutralidad, donde las ideologías de derecha ofrecen una narrativa de orden, mérito y seguridad. Es decir, una ficción de control sobre un mundo que todavía no los ha golpeado.

Salvo que los jóvenes varones posean una conciencia de clase extraída del ámbito familiar, habitan un periodo prolongado de moratoria en espacios educativos y de consumo donde la ideología del mérito y la movilidad permanece verosímil por más tiempo.

3. El patriarcado como escuela material de la realidad para las mujeres

El caso de las mujeres jóvenes es distinto. El patriarcado no les concede esa distancia con la realidad, porque las somete desde edades tempranas a formas de trabajo no reconocido: cuidado familiar, carga emocional, autogestión doméstica o exposición constante a la violencia física, simbólica y económica.

Así, la mujer se ve forzada a enfrentar antes y de forma más directa el trabajo material y afectivo no remunerado, lo que le permite desarrollar una percepción más concreta de las relaciones de poder y dependencia. Mientras el varón permanece en una prolongación de la adolescencia productiva, la mujer es empujada hacia una madurez política precoz, nacida de la experiencia directa de la explotación.

4. La mediación algorítmica y el ecosistema digital

Esta asimetría se ve intensificada por el ecosistema digital: los algoritmos de las plataformas explotan y amplifican las diferencias existentes. Mientras a las jóvenes se les ofrecen contenidos sobre carga mental, acoso laboral y dobles jornadas —acelerando su encuentro con las contradicciones del patriarcado—, a los varones se les dirige hacia comunidades que convierten la inseguridad económica en resentimiento identitario, sustituyendo la lucha de clases por la guerra cultural.

El espacio digital no crea esta división, pero la sistematiza y escala: convierte el malestar estructural en mercancía cultural, ofreciendo soluciones identitarias a problemas materiales.

5. La seguridad como ideología compensatoria

Las ideologías de derecha funcionan aquí como mecanismos de compensación simbólica. El joven que todavía no ha experimentado la precariedad real del trabajo tiende a identificarse con la promesa liberal del ascenso individual y con el relato patriarcal de la fuerza, la autosuficiencia y la autoridad.

La derecha ofrece una estética de seguridad, un refugio simbólico frente a la incertidumbre. Es la masculinidad como capital imaginario en sustitución del capital real que no se posee. Así, el joven varón que aún no se ha confrontado con la realidad material encuentra en la ideología de derechas una forma de afirmación ilusoria frente a la impotencia económica.

6. Capital, género y hegemonía cultural

Esta dinámica no es nueva, pero se intensifica en el capitalismo tardío, donde el tiempo de trabajo efectivo se reduce o se fragmenta, mientras el tiempo de consumo simbólico se expande y coloniza crecientemente la experiencia cotidiana. La masculinidad queda así suspendida en un limbo entre la dependencia material y la fantasía de autosuficiencia, sin atravesar aún de forma sostenida la experiencia concreta de la producción ni de la explotación.

Este limbo no es un vacío ideológico, sino un espacio densamente ocupado por narrativas pro-sistema que funcionan como mecanismos de aplazamiento del encuentro con la realidad. La hegemonía cultural de la clase dominante no opera anulando la experiencia, sino reorganizando su acceso: no impide que la contradicción exista, pero la mantiene diferida, fragmentada o traducida en términos individualistas y morales.

Como he señalado en otros textos, esta hegemonía no necesita prohibir alternativas ni imponer una censura explícita. Le basta con saturar el espacio simbólico disponible con interpretaciones que convierten la sumisión en “emprendimiento”, la precariedad en “flexibilidad” y el individualismo defensivo en “libertad”. Estas narrativas no cierran el horizonte de lo posible, pero sí lo estrechan, haciendo aparecer como naturales y inevitables relaciones que son históricas y contingentes.

Artículo relacionado: Censura, hegemonía y libertad de expresión

La derechización de los jóvenes varones se produce, así, en ese intervalo: no como una respuesta directa a la experiencia de la explotación, sino como una forma de habitar provisionalmente su ausencia, ocupando el tiempo previo al choque con lo real mediante identidades que prometen coherencia, orden y reconocimiento sin conflicto material.

7. Hacia un realismo político emancipador

La izquierda debe entender que la batalla no es sólo cultural o discursiva, sino temporal y material. El reto consiste en acercar a los jóvenes a la experiencia real de su posición social, es decir, crear espacios de trabajo colectivo, de participación y de responsabilidad concreta donde la contradicción entre capital y trabajo deje de ser una abstracción.

Frente a la sobrerrepresentación de opciones pro-sistema, no basta con denunciar la hegemonía cultural; hay que construir contra-experiencias materiales que permitan el encuentro con lo real. La emancipación no vendrá de la culpa ni del moralismo, sino del reencuentro con lo real: con el trabajo, con la dependencia mutua y con la conciencia de que la libertad individual no existe fuera del entramado colectivo.

Mientras la derecha ofrece una identidad sin conflicto, la izquierda debe ofrecer una realidad con sentido, una comprensión profunda del lugar que cada cual ocupa y del mundo que juntos podemos transformar.

Proletkult.

Suscríbete a nuestra Newsletter mensual.