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Contra la versión liberal de la Historia

¿Qué fue más relevante para que se “descubriera” América: el barco o Colón?

Situémonos por un momento en uno de los momentos más repetidos en la historia de lo que hoy llamamos España: el llamado “descubrimiento” de América.

Planteémonos una pregunta sencilla: ¿Qué fue más relevante para que sucediera ese acontecimiento histórico: la persona de Cristóbal Colón o la existencia del barco, es decir, de la técnica, los recursos, las condiciones políticas y económicas que lo hicieron posible?

La historia que nos han enseñado responde de inmediato: Colón. El genio, el visionario, el navegante valiente que desafió lo establecido. Pero esa respuesta, que parece natural, es ya un producto ideológico. Y esa ideología tiene nombre: liberalismo histórico.

¿Qué es la versión liberal de la historia?

Es una forma de contar el pasado que pone el foco en individuos aislados —líderes, exploradores, inventores, reyes, empresarios— como si ellos, por sí solos, fueran responsables de los grandes cambios históricos.

Esta narración está llena de nombres propios: Alejandro Magno, Napoleón, Isabel la Católica, Colón, Steve Jobs, Elon Musk… Cada uno como si fuera una figura casi mágica que “cambia el mundo” gracias a su inteligencia, su voluntad o su audacia.

Pero esta manera de contar el pasado oculta más de lo que muestra, y sirve intereses muy concretos.

¿Qué deja fuera esta versión de la historia?

a) Las condiciones materiales que hacen posible los hechos

Volvamos al ejemplo: ¿Colón habría llegado a América sin los avances técnicos de la navegación, sin mapas árabes, sin el astrolabio, sin el dinero de la Corona, sin los intereses comerciales de la nobleza castellana, sin el hambre de oro del sistema feudal en crisis?

Colón fue un producto de su tiempo, no su autor. Como tantos otros “grandes hombres” de la historia.

b) La acción colectiva de los pueblos

¿Quién construyó las carabelas? ¿Quién las tripuló? ¿Quiénes eran los marineros? ¿Quiénes murieron? ¿Quién resistió al colonialismo castellano? ¿Dónde están sus nombres?
La historia liberal borra a las clases populares, a los esclavizados, a las mujeres, a los pueblos indígenas, a los movimientos organizados. Transforma cada conflicto social en anécdota biográfica, cuando no, directamente, lo borra de «su historia».

c) El conflicto como motor de la historia

La historia no avanza por “progreso natural”, sino por conflictos entre grupos sociales con intereses opuestos. Entre quienes dominan y quienes resisten. Entre quienes acumulan y quienes producen.
La historia liberal convierte esos conflictos en decisiones individuales, y al hacerlo, desactiva la posibilidad de pensar en la transformación.

¿Por qué se construye esta narrativa?

Porque legitima el presente. Si todo cambio viene de individuos excepcionales, entonces no hay nada que hacer salvo esperar a que aparezca otro genio. Si el progreso es inevitable, entonces no se necesita revolución, solo paciencia. Si el capitalismo es el resultado lógico de la historia, entonces es lo mejor que podemos tener.

La historia liberal no solo cuenta el pasado: sirve para naturalizar el presente y bloquear el futuro.

¿Qué propone la historia materialista?

Una lectura diferente: estructural, colectiva, dialéctica.
Una lectura donde la historia no es un escaparate de héroes, sino un proceso de lucha entre fuerzas sociales.
Una lectura donde el sujeto de la historia no es el individuo, sino los pueblos, las clases, los movimientos.
Una lectura donde los cambios no ocurren por milagro, sino por tensiones materiales, por necesidades reales, por organización y conflicto.

No fue Colón, fue el barco

Volvamos a la pregunta con la que empezamos:
¿Qué fue más relevante para que se produjera el “descubrimiento” de América: Colón o el barco?

La respuesta es clara: el barco. O, mejor dicho, todo aquello que el barco representa: el desarrollo técnico, la acumulación de conocimientos colectivos, los avances en navegación heredados del mundo árabe, la financiación de una monarquía en expansión, el hambre de riquezas de una Europa feudal en crisis. Sin esos elementos materiales y sociales, no hay Colón, ni carabelas, ni “descubrimiento”.

Las ideas, por sí solas, no bastan. No hay posibilidad sin medios. Las transformaciones históricas ocurren cuando la capacidad técnica y productiva de una sociedad alcanza un punto que permite —y a menudo exige— nuevas formas de organizar el mundo.

La historia liberal, al centrarse en el individuo, borra esa base material. Nos hace creer que los cambios son fruto del deseo o el genio personal. Pero en realidad, las condiciones hacen al individuo, no al revés. Y cuando esas condiciones maduran, el cambio se vuelve no solo posible, sino, a veces, inevitable.

Por eso, necesitamos superar esa narración liberal. No para negar el papel de las personas en la historia, sino para situarlas dentro del mundo que las produce, con sus límites y sus posibilidades. Y, sobre todo, para recuperar la historia como herramienta colectiva, no como museo de biografías.

Porque quien entienda que fue el barco —y no Colón—, entenderá que la historia no la hace un héroe aislado, sino un pueblo que construye sus propias herramientas para avanzar. Y que las condiciones para cambiar el mundo no se esperan: se preparan.

Proletkult.

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